Tras un evento de varios días, los obispos crearon un documento de 27 páginas en el que se pronunciaron sobre la diversidad sexual, incluyendo la idea de promover las “terapias de conversión”.

Aunque argumentaron que “condenan la violencia” contra las minoría sexuales, insistieron en crear estos centros de conversión en un país conocido por su historia de campos de concentración durante la época del gobierno nazi de Alemania.

“En vista de los retos creados por la ideología de género y los movimientos LGBT+, y especialmente con las dificultades, sufrimiento y heredas espirituales de esta gente, es necesario crear clínicas, con la ayuda de la Iglesia o dentro de su estructura, para ayudar a esta gente a recuperar su salud sexual y orientación sexual natural”, afirma el documento.

Pese a la evidencia científica que compara estas terapias con tortura, los obispos aseguraron que hay testimonios.

“La sexualidad diferente no es un juicio irrevocable o un código irremplazable, sino un síntoma de heridas en varios niveles de la personal”, afirmaron los obispos.

Esta es solo la última señal de odio y discriminación contra la comunidad LGBTQ+ de Polonia, donde el partido gobernante, Ley y Justicia (PiS), ha impulsado leyes para restringir la educación sexual y el aborto.

El presidente, Jaroslaw Kaczynski, ha declarado que los polacos “no serán obligados a permanecer bajo la bandera del arcoíris” porque la homosexualidad es una “amenaza para la identidad polaca, para la nación, para su existencia y, por lo tanto, para el Estado polaco”.

Además, ciudades de una tercera parte del país se han declarado “zonas libres de personas LGBTQ+” pese a su pertenencia a la Unión Europea.

Activistas de la diversidad sexual han exigido la intervención del Papa Francisco al criticar que permita este tipo de declaraciones de odio.

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