Sexo Gay En La Ciudad: Girasoles

Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo ... Todo fue ahí, contra la pared. Comenzó a bajarse el jean ahí mismo y me incitó a hacer lo mismo.... Mirándome desde la otra pared comenzó a masturbarse. Quería lanzarme sobre él, pero presionó con su pié para que me quede en mi lugar

 

‘Girasol…No podría quererte más, besos en la cocina como si fuera la pista de baile. No podría quererte más esta noche. La incertidumbre,  me vuela la cabeza, esos ojos cansados son mi perdición. La boca llena de pasta de dientes, antes de conocerte…’ – Harry Styles

En el medio de una mega fiesta multitudinaria, si es que todavía pueden recordar ese concepto de la vida A.C.(Antes del Coronavirus), fue donde sentí su mirada por primera vez. De esas miradas que se te clavan en la nuca y comienzan a picarte como el sol. Al principio no te das cuenta y con el pasar de las horas, notas que se te quedaron grabadas en la piel. Bueno, así es como recuerdo la mirada de Samuel. Al darme vuelta, descubrí unos ojos negros que, aún en el medio de toda esa gente girando alrededor, el ruido y la música potente, parecían un reflector apuntándome. 

Me hizo una seña misteriosa para que lo siguiera. Disimuladamente me separé de mis amigos. Lo perseguí por esos pasillos oscuros y fríos de Studio Theater, pero mientras más pensaba en lo que estaba sucediendo, mi cuerpo iba entrando en calor. Me prendía fuego.. 

Llegamos a un lugar que ni siquiera sabía que estaba habilitado para el público. Y ahí en en medio de unas sillas abandonadas del palco, me esperaba Samuel. Apenas unos rayos de luz reflejaban sus ojos y un poco de brillantina pegada en la transpiración de su cara, de sus brazos tersos.

Al llegar no dijo nada, se quedó inmóvil, me esperaba contra la pared, con sus manos en la espalda, mirándome fijo. Expectante. No hacía falta decir nada, simplemente me acerqué y nos unimos con un imán. Comencé por su cuello y le encantó, así que seguí por ahí. Nuestros pantalones comenzaban a sentir también, pero Samuel no sacaba sus manos de la espalda, como si se obligara a dejarse llevar. Como si se entregara a mi por completo. De solo escribirlo y recordarlo me autocaliento. 

Al fin nos besamos y estuvimos un rato largo contra esa pared. Estábamos en plena seriedad hasta que mis manos (siempre heladas bajo cero) rozaron una parte desnuda de su cintura y fue ahí cuando se sorprendió, se inmutó y sonrió. ‘¿Nos juntamos a la salida?’ me preguntó. ‘Dale, me llamo Pablo’ le dije, ‘Si, ya sé, te escribo más tarde’ me sorprendió con esa respuesta, se acercó para un último beso y desapareció entre las sillas, dejándome con ganas de más. 

Volví con mis amigos a bailar hasta que terminó la noche. No le conté nada a mis amigos, me gustaba mantenerlo en secreto. Samuel bailaba con sus amigos no muy cerca y nos perseguíamos con la mirada de vez en cuando. 

La noche terminó y a la salida del boliche no lo veía por ningún lado. Estaba esperando su mensaje en mi celular. Supongo que sí sabía mi nombre y me dijo que me iba a escribir, era porque ya tenía como contactarse. Controlé todas las apps y nada. Si la noche terminaba ahí, iba a estar satisfecho de todas formas. Había sido excelente para mi. De repente llegó un mensaje de una de las apps de citas. Claro, ya habíamos coincidido ahí hace mucho, pero ninguno había saludado. Lo típico. Por suerte no soy de esos que bloquean y eliminan el match cuando no contesta el otro. Porque uno nunca sabe. Me dijo si le pintaba ir a su departamento. Le dije que si. Me tomé un taxi con un amigo y en lugar de parar en casa, seguí hasta la de Samuel. 

En el taxi pensaba que hacía mucho no hacía esto y me había olvidado lo entretenido que era. Investigué su perfil, para recordar un poco más de él. Claro, ahora estaba casi rapado, por eso no lo había reconocido. Era de Leo, como yo, eso me explica un par de cosas. Y no estábamos tan alejados en edad como pensaba. Bajé y me estaba esperando afuera. Subimos y en el ascensor nos saludamos mejor.

En su departamento era mucho más relajado que en la vida real. Me preguntó si quería tomar algo caliente o frío. Elegí algo frío ya que me estaba incendiando por dentro. Me llevó a la cocina y lo observé mientras preparaba los tragos. Estaba contra la mesada de espaldas hacia mi y no podía parar de sentirme atraído. Y no, no estaba borracho ni nada de eso, era algo diferente. Es como la verdadera atracción sexual. ¿Nunca les pasó? Creo que nunca la había sentido tan clara, precisa y transparente como en ese momento. 

Se dio vuelta y me descubrió mirándolo atentamente. Sonrió y me dio el trago. ‘Fijate si está bien’ me dijo pasándome un trago con gin. Por lo general no me gustan pero a esa altura no me importaba nada. Soltamos los tragos y nos besamos contra la mesada. Aliento de hielo, manos heladas, cuerpo caliente. MUY caliente. 

Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo, pero nunca llegamos a la habitación. Todo fue ahí, contra la pared. Comenzó a bajarse el jean ahí mismo y me incitó a hacer lo mismo. Nos quedamos en remera y boxers y en el medio del climax del beso más apasionado de la noche, de repente me separó de su cuerpo con su pierna y me empujó contra la otra pared del pasillo. Mirándome desde la otra pared comenzó a masturbarse. Quería lanzarme sobre él, pero presionó con su pié para que me quede en mi lugar. Me ordenó con su mirada para que me masturbara también. Ambos observándonos en silencio, casi a oscuras.

La excitación iba subiendo al punto de la desesperación. Ahí me pidió que me acerque y tomó mi mano, se la llevó a su boca. Sentía su agitación en mi palma y comenzó a morderla, hasta que ambos acabamos. Ahí. De pié, erectos, híspidos, agitados, transpirados, exhaustos de placer. 

Sonreímos mientras hacíamos todo ese protocolo de limpieza que es medio incómodo. Me dijo que me podía quedar a dormir si quería. Acepté. No nos podíamos dormir, habíamos quedado un poco acelerados. Nos acostamos y nos quedamos conversando en la cama. Traté de conocerlo un poco más, ya que habíamos hablado muy poco. 

Me contó que hace mucho no estaba de novio, que vivía solo y que últimamente le volvieron las ganas. También me contó algunas experiencias traumáticas pasadas y yo también. Cuando pasamos a hablar de lo sexual, me dijo que, por lo general, no le copaba la parte de la penetración, ni dar, ni recibir…’NUNCA’ enfatizó. Le dije que solía pasar, no era tan poco común. Me dijo que ni siquiera el sexo oral. Que no era muy sexual por lo general, a veces le pintaba hacer lo que hicimos, pero no mucho más que eso. Besos, masturbación, caricias y no mucho más. ‘¿Y krámpack?’ le pregunté. Se quedó mirándome como sin entender. Le expliqué que significaba, se rió, me dijo que eso sí, eso sí le gustaba. Que le gustaría probar con mis manos heladas. ‘Podría ser un buen regalo de cumple’ me dijo. ‘…para ambos’ -agregó-  ya que estábamos a unas pocas semanas. ‘Hecho’ cerré el trato. 

Después de contarme todo esto se fue relajando y entre caricias y unos mimos se fue quedando dormido. Mientras observaba como el sol iba entrando de a poco por la persiana y se reflejaba en algunos restos de brillantina de su piel, me quedé pensando: por un lado, me gustaba que ya esté proyectando planes para dentro de unas semanas, volver a vernos para nuestros respectivos cumpleaños. Pero por otro lado, me preguntaba ¿realmente podría dejar de lado el sexo por alguien?¿podría adaptarme a este nueva forma de ver la sexualidad?

Hay algo un poco liberador en esto de dejar de lado “el acto sexual convencional”, porque entran a jugar otras cosas en cuanto a la creatividad de la sexualidad y hasta en la sensualidad. Mientras escribo esto, me pregunto si, en la ‘nueva normalidad D.C.’ (Después del Coronavirus), habrá también una ‘nueva normalidad en el sexo’. Si vamos a tener que ponernos mucho más creativos, encontrar nuevas formas de relacionarnos. Nuevas formas de mirarnos y seducirnos con tapabocas, desde lejos, como el sol y los girasoles. Nuevas formas de besarnos sin besarnos, de tocarnos sin tocarnos. ¿O acaso estaremos entrando en la era de la grisexualidad, de la asexualidad?

Años atrás tuve una experiencia de este tipo, cuando conocí a un chico con el que casi no podíamos tener sexo, ni penetración. Él era solamente pasivo pero tenía un problema físico en la pierna que nos impedía tener relaciones sexuales sin que le doliera. En ese momento, yo estaba tan enamorado que ni me importaba no hacerlo. Pero él se había empecinado en encontrar una forma de lograrlo y probamos de todo. Finalmente no se pudo. No me gustaba verlo sufrir y tampoco que se frustrara tanto cuando no lo lográbamos. De la impotencia se ponía de muy mal humor y eso terminó desgastando la relación

Pero la situación con Samuel era diferente. Era tomar la determinación de no volver a tener sexo convencional, ni sexo oral y quizás iba a haber días en que no quisiera ninguna demostración física de afecto. Me preguntaba si después de haber estado tanto tiempo solo, sin novio, sin cariño, ¿era esta una buena idea para regresar al mundo de las relaciones?. Quizás la pregunta en realidad era ¿que extrañaba más?¿la penetración, el sexo oral y el acto sexual?¿o el cariño, el afecto y la compañía?

A la mañana siguiente Samuel me despertó con un beso sabor a menta de pasta de dientes. Me preguntó que quería tomar de desayuno. Tratando de descifrar en qué momento me quedé dormido, le dije ‘un café’. El ya estaba vestido, así que rápidamente me levanté, fui a lavarme los dientes y mientras me vestía, todo el departamento se llenaba del mejor olor del mundo: el olor a café y tostadas. Le pregunté si necesitaba ayuda, me dijo que no, me ordenó que me sentara y me relajara. Se lo sentía de muy buen humor. Me dio ternura verlo tratando de traer las tazas repletas de café, bien cauteloso, sin derramar nada hasta la mesa. Mientras desayunábamos, con el sol de mediodía de frente ese domingo invernal, solo podía pensar en una cosa: esto…esto era lo que extrañaba. 

Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Dejarías de lado el sexo por alguien que realmente te guste?

3 Comentarios

  1. Si, solo una vz. Era una situacion extraña, pero ambos elegiamos hacerlo. nos sentiamos satisfechos estar el uno con el otro y pasar horas besandonos y a veces acabando en nuestra ropa interior. Pero no prosperó. la falta de sexo? quizas? pero fue una experiencia positiva

  2. Si, una vez que los dos éramos activos. Pero no nos importó, seguimos y hacíamos otras cosas. A veces solos o a veces con un tercero. Saludos Pablo

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