Argentina ahora también exporta tango queer

Luego de girar por las Europas en el último Pride estival del hemisferio norte, les cantantes Fifí Real y Walter Romero arrancan esta charla cruzada problematizando la expectativa europea de hoy sobre el tango argentino que nunca es el de siempre.

 

¿Y por qué no decirlo? El tango nació para ser queer. Y no por esa delicia de su comienzo entre hombres, inmortales carniceros de fajina y fedora, abrazados al ritmo del 2×4 en los confines del barrio de Mataderos. El tango nació para ser queer por sus entrañas orilleras y fronterizas, porque su origen es la diversidad de lenguas con las que trenzó un lenguaje nuevo para nombrar las pasiones de la experiencia humana, dejando también un espacio libre de palabras, un espacio donde solo el cuerpo entra en lo que sucede, ahí donde la lengua no ha de llegar nunca. Ya sea música, danza, literatura o las tres juntas, el tango es en sí mismo un desarraigo eterno que intenta echar raíz en los márgenes topográficos y simbólicos de un territorio que nunca será centro y que sin embargo no deja de anclar en la ciudad de Buenos Aires.

Igual que nos pasa con el peronismo, no hay manera de otorgarle una sola definición. Borges intuyó que el tango esconde un secreto, que podemos discutir, estudiar y rompernos las vestiduras —si es que quedan— alrededor de qué es un tango, pero sólo cuando estamos frente a él sabemos exactamente de qué se trata. “Sin atardeceres y noches de Buenos Aires no puede hacerse un tango”, anotaba en Evaristo Carriego, tratando él también de cruzar la frontera para hacerse de una parte de esa liminalidad tanguera. El tango ya no es nuestro pero vive y se transfunde en los puertos del Río de la Plata.

Conocedores del secreto, desde estos puertos salieron al mundo Fifí Real y Walter Romero, máximos exponentes del tango queer argentino que pertenecen a dos generaciones, dos estéticas distintas. “El tango es tango” sueltan casi a dúo, casi en espejo” pero Fifí Real remarca enseguida la inmediatez de su performance: “El tango queer que yo hago es abordar la música popular con una postura política y social desde mis vivencias hacia lo colectivo. No canto tangos que la gente me pide, ni porque son bonitos, famosos o argentinos, sino que canto tangos que calcen en el momento, en lo que está pasando en este show, en este momento de tensión en el país, en lo internacional, lo que me está pasando a mí con eso. Como artivista yo me apoyo mucho en el vestuario, fue una de mis búsquedas de muchos años. A través de mis shows quería hacer una especie de didáctica para que las personas entendieran qué es el tango queer hasta que en un momento me asumí yo como queer, y el tango pasó a ser canción y lo queer pasó a ser show. Entonces hoy me es más fácil porque la intervención política que hago ya es mi presencia. No tengo que explicar más de lo que la gente ya está sintiendo con la incomodidad de ver una fémina con bigote y con pelo (al mismo tiempo que les calienta un poco que sea masculina)”.

¿Qué es entonces el tango queer?

Fifí: –-El tango queer es un movimiento que nace a partir de la danza hace más de 20 años en simultáneo en Buenos Aires y en Estocolmo. Hay registro de un tango queer en los ochenta, unas clases de tango sin género a principios de los noventa en algunas realizaciones como en La Cha o en SIGLA. Pero fuertemente como movimiento, el tango queer aparece dentro de la danza, que es el bailar sin asignarle género a los roles ¿Cómo romper ese binarismo? Es algo que aún hoy está en tela de juicio en la comunidad de bailarines, de cuál es el abordaje que da cada profesor porque a veces solamente rompemos el binarismo de hombre y mujer pero quedan los roles de líder y follower, que también es binarismo. Entonces hoy hay algunas personas que ya están buscando otra manera de bailarlo, que sea más una conversación y no tanto una estructura.

Fifí Real: 10 años de activimo

Este año Fifí Real celebra su décimo aniversario de artivismo dentro del tango queer pero arrancó hace 15 como bailarina en las milongas de Buenos Aires, cuando llegó desde la frontera misionera. Apenas entró en la escena del baile hubo algo que le hizo ruido: en las milongas queer no había música que acompañara a las disidencias y entonces comienza a producir materiales para combatir esa ausencia. Walter Romero es del margen porteño de Barracas, cantor desde cantaniños, académico y experto en Proust, tiene cuatro discos grabados y una trayectoria tanguera de 20 años.

En plena década del 90, el panorama no era el mismo que el de hoy: “Es difícil definir el tema del tango queer para mí. Porque para mí el tango es tango y la veta queer tiene que ver con volver a las raíces y fijarse un poco en Gardel, en toda la producción que hizo él para montarse como queer, como raro, como otro. Si bien yo no llevo la cuota rupturista de Fifí ¡Que la bendigo! empecé con transparencias ahora, con tafetados que rompen un poco la idea del cantor tradicional de traje negro y corbata. A mí me llevó todo un proceso porque vengo de una generación distinta. Empecé a cantar a finales de los 90 y eso era impensable. Había que hacer un recorrido: pasar por el tango tradicional, cantar los tangos tradicionales y romper luego ese canto, y de ahí al vestuario. Mi recorrido no nace con la existencia de un tango queer sino que, como dice Fifí, viene más de atrás. Todos los de mi generación que hoy tienen entre 40 y 50, son tangueros heteronormativos y yo no tengo nada que ver con eso. Yo me desacoplé hace 20 años, cuando en el ‘99 cobré mi primera entrada profesional para un ticket de tango, alguien pagaba para verme. No sé si fui el primer marica en los 90 cantando tango pero más o menos sí. En aquel momento había que luchar con los programadores, con los músicos, con el machismo que está en el interior del tango, en las formaciones de bandoneón de guitarra, donde tenés que imponer tu estilo y decir que este tango se canta así o asá. Había que trabajar con programadores, llevar la carpetita, el CD, miraban la forma en la que te presentabas.”

Es el cuerpo en escena lo que trae lo queer, el cuerpo como territorio de lo político. ¿Cuál es la discusión que cada une plantea sobre el escenario?

Walter: Yo lo entendí primero como hacer un tango clásico, uniformarme de negro y después romper eso. Necesité hacer ese trabajo. Pero para mí el tango queer es una operación de repertorio y yo lo hago así por una cuestión de extracción mía con la literatura. También esa es mi rareza: yo soy un profesor, un doctor en letras catedrático de literatura francesa que canta tangos. Esa contraseña es lo que yo tengo que llevar adelante y que alguna vez María Moreno en este suplemento definió como “ni anfibio ni bipolar” sino que las dos cosas van juntas. El lugar desde el que yo anuncio el tango es un lugar raro, es un lugar otro. Llevo la palabra a un lugar otro. Ese es mi trabajo y mi operación que es sobre todo una operación de repertorio.

Walter Romero comenzó por buscar al principio tangos que trabajaban la cursilería argentina cercana al folletín, relacionada a toda la mariconería ligada a Manuel Puig. En su segundo disco escarbó con la uña del dedo meñique para ver qué pasaba con la figura del macho, poniendo en duda la guapez del guapo. “El tercero es más monográfico, está dedicado a un autor importante como Manuel Romero pero en mis cuatro discos hay una operación de repertorio. Entonces por más que cante un clásico, que de hecho yo los canto, pasa por ahí. Lo mío es el tango y la literatura, revisionar tangos que hoy estarían cancelados por feministas. Mi último disco trabaja sobre la idea de lo grotesco, de lo tragicómico y de alguna manera sobre la idea de que el tango no es sólo dramático sino que puede ser bufo, puede ser cómico y puede ser otra cosa: un tango no binario.”

Fifí: Coincidimos en que ya hay algo tradicional que es la cultura musical dentro del tango y que a través de nuestras impresiones, de nuestros looks, generamos un impacto que deja leer algo, que cuenta algo y eso es lo que queda. Pero con respecto a mi participación en el tango tradicional, el año pasado dije en una nota que “En el tango tradicional yo finjo demencia”. No tengo nada que discutir. Yo no voy a deconstruir a los machos, no me interesa, yo estoy en la mía, y con respecto a lidiar con la expectativa del tango argentino que se espera en Europa, yo ahí me presenté como transfronteriza: soy de Paraguay, Brasil y Argentina, ¿Y por qué lo pongo así? Bueno, cuando lo digo es con humor. Hice un show en inglés y las canciones en castellano y alguna cosita que me salió en algún idioma más, pero siempre apunté a que: “Soy de Paraguay y Brasil, con los privilegios de Argentina” para poner en contexto también, porque yo me argentinicé, mi acento se lava, cambia cada vez que tomo mi identidad argentina.

Tango queer for export

Para celebrar este décimo aniversario, Fifí hizo su primera gira internacional europea: Londres, Amsterdam, París, Berlín, Madrid y Barcelona. Presentó maricoteca.org una plataforma destinada a artistas LGBITQ+ latinoamericanes, una especie de buscador, promotor y archivo de la memoria de artistas queer. También presentó El apagón, un corto documental autobiográfico que hizo en Paraguay junto con el Centro Cultural de España Juan de Salazar de Asunción. “Aproveché para venir a hacer el circuito de los festivales de tango queer de Europa. No pude estar en todos pero sí hice relación con todos porque acá se mueven en manada. mi show principal fue en el Festival de tango queer de Francia La vie en Rose, su séptima edición. Hice dos shows ahí, estuve en el Oriental Festival y en Berlín participé de la Queer International Pride for Liberation que es la contramarcha de la marcha oficial en Berlín. Se chocan y para mí es mejor porque no solamente hice el circuito de tango queer, si no este otro circuito de la disidencia y los Pride.”

Mientras Fifí Real cubrió Europa central, Walter Romero se corrió hacia el Este, donde la la comunidad LGTIBQ+ vive aún en una constante amenaza sobre los derechos más básicos. Sin embargo, y a pesar de las dificultades para comprender las letras, los shows en teatros, milongas y espacios públicos donde se presentó tuvieron un recibimiento inesperado: “Hace 10 años quise internacionalizar un poco mi carrera con algunas giras autogestivas, y después con algunas pegadas de contactos en Europa se armaron lugares no tan mainstream para el mundo del tango. Hice Atenas, después París que es más central, pero Croacia y Bosnia me parecían lugares muy particulares para llevar otro tipo de expresión y me encontré con una cosa un poco conservadora. Me contaban que diez años atrás al Gay Pride de Split los apedreaban. Pero poco a poco el conservadurismo y lo que se espera del tango se va rompiendo, la gente se abre. Hay una movida de djs jóvenes en las milongas del mundo eslavo y de Europa del este que están moviendo el avispero. Y por los milagros de la tecnología hay micrófonos inalámbricos, eso me sacó del lugar de cantar desde un podio, me vi cantando entre los bailarines, rodeando la pista de baile y todo el mundo quedaba sorprendido de esa ruptura de lo espacial. Ellos bailando siguiendo el movimiento de las agujas del reloj y yo rompiendo eso con la guitarra de Moscato Luna y de Martin Perdomo que son dos guitarristas extraordinarios.

Fifí: Sí, hay una tensión entre bailarines y músiques dentro del espacio queer. A mí la crítica que se me hacía era: che, la gente quiere bailar, no quiere tanta demostración. Y yo en Francia los paré de una y les dije: ¡Porque todavía no vieron a la Fifí! Es como que soy demasiado puto para el tango y demasiado tango para los putos, eso hace diez años que es así. En las milongas la tensión, digo, lo que más disfruté de ese espacio, porque hay una tensión de la pista, ¿quién ocupa la pista? La milonga, ¿quién ocupa el centro? Entonces por lo general la música se pone en el escenario a modo de orquesta de 1930. Pero bueno, yo vengo de la disidencia, soy prima de las drags, soy una host, y como una buena host en la noche porteña, yo quiero tomar la pista. Entonces, cuando se abrió esto de que iba a hacer un tema nada más, todo el mundo se sentó alrededor mío y yo pude hacer dos de Piazzolla en mitad de la pista ¡y quedaron que se murieron! Mucha gente lloró, yo no entendía nada.

¿Qué le sigue a esta gira?

Walter: Estoy haciendo un trabajo sobre el vestuario, sobre mi nuevo repertorio, tratando de internacionalizar esto que hago, llevarlo adelante a otros lugares para ver cómo me escuchan. Y lo que estoy haciendo ahora es contactarme con otros colegas. Nos debemos un un show con Fifí por supuesto, pero estoy ahora laburando con Lulú tango, también muy cercana y afín al mundo de la Fifí que hace una suerte como de tango pop, y también estoy haciendo un show con Sandra Márquez que es “Eva canta a Gardel” donde ella hace de Eva Perón y yo hago de Carlos Gardel pero al final del espectáculo prácticamente ella termina como Gardel y yo como Eva Perón. Entonces hay una duplicación de las Evas en la fórmula de qué se habrían cantado une al otre si se hubieran conocido. Es un espectáculo queer en el que nos fue muy bien en Buenos Aires y ahora reponemos muy pronto en octubre nada más y nada menos que en el Tasso.

Fifí: ¡Sí! ¡Un show con Walter sería grandioso! Yo después de Europa abrí la semana de la diversidad en Uruguay cantando con la sinfónica del Teatro Solís en Montevideo. Voy a lanzar dos EP, uno de Tango y otro electrónico en honor a Le Brujx. Seguiré celebrando Fifî 10 años en las provincias Argentinas, Mexico y Perú. A fin de año hago el gran show de celebración y cierre de #ViajadaenTour en el CCK porque como dice el tortón de Eladia Vlazquez: «Siempre se vuelve a Buenos Aires».

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