Sexo Gay En La Ciudad: Vértigo

 

‘Ha sido un aventura amarte en las alturas. y ese vértigo en el suelo no se va. Pero han sido tres intentos repletos de argumentos. Cuando no se trata de quién puede más. A veces con amar no basta’ – Pablo Alborán

Unos meses adentrado en una Pandemia Mundial, SI, estaba enamorado de Mateo, pero a medida que pasaban los días nuestra reciente resucitada relación, si podemos llamarle así, era demasiado endeble para resistir lo vertiginoso de los tiempos.

Cada semana el número de muertos aumentaba y parecía que esto iba para largo. Estábamos encerrados, desesperados y preocupados, lejos de nuestros afectos, de nuestra familia y de nuestros amigos. Los tapabocas se convertían de a poco en un accesorio fashion, la incertidumbre crecía acerca de cuánto iba a durar todo esto. Las semanas de cuarentena estricta y las restricciones se renovaban infinitamente. Bañando todo en alcohol, limpiando víveres uno por uno, olfateando las cosas para asegurarnos de no haber perdido el sentido del olfato. Los médicos sin ponerse de acuerdo en la televisión, los grupos de whatsapp reenviando conspiraciones mundiales. Gente escuchando trompetas apocalípticas en el cielo y los casos se acercaban cada vez más a nuestra provincia. Tragando saliva para asegurarnos de tener sana la garganta. Saliendo a aplaudir al personal de la salud al balcón a las 9 de la noche. Ventilando los espacios, pero cerrándolos para no enfermarnos por el frío. Esto y muchas locuras más pero aún sin tener una cura a la vista. 

Era de esperar que volvieran mis ataques de pánico, sentirse ahogado de la nada y creer que todo era un síntoma de la enfermedad. Todo comenzó a afectarme mucho más de lo que creía. Anímicamente estaba sensible, triste, abrumado, había días que entraba en un espiral mental y no podía parar de llorar. Pesadillas y hasta parálisis del sueño. Me sentía un poco desequilibrado. 

Lo único que me distraía un poco, eran los mensajes de Mateo. No me importaba de que fueran, recibirlos ya era tranquilizador. Aunque cada vez estábamos más lejos de volver a vernos, de vez en cuando nos tirábamos unos perritos. Todo este mini-enamoramiento, ayudaba a alejarme del precipicio emocional.  

El encierro nos puso cara a cara con nuestro yo interior y para los que vivimos solos, la única opción era enfrentarnos con esos fantasmas. Estábamos sólos con nuestros pensamientos y lo único que podíamos hacer era maquinar la cabeza. Ahí es cuando pensé si los sentimientos hacia Mateo eran en realidad una forma de enfrentar toda esta situación apocalíptica o si realmente estaba full enamorado. 

Siendo honesto, yo estaba enamorado de Mateo desde antes, y todo esto de la pandemia, fue inesperadísimo. Quizás si había un poco de proyección, pero ¿acaso no hay un poco de proyección e idealización en todas las relaciones cuando recién comienzan?. En la columna anterior dije que el enamoramiento puede ser unilateral y de todas formas hacerte sentir vivo. Y eso era lo que me sucedía, el enamoramiento con Mateo me levantaba de la cama, me hacía olvidar de la tristeza y de todas las cosas feas. Las horas que no conversábamos, a veces miraba sus fotos viejas, para saber más de él. Y cuando me enviaba videos haciendo cosas, de alguna forma, lo sentía más cerca. Todo estaba funcionando muy bien. ¿Pero acaso esto no era demasiado peso para adjudicar a una persona que todavía no terminé de conocer del todo?¿demasiado por unos cuantos mensajitos de WhatsApp?¿Y él, qué sentirá realmente por mí?¿Yo tenía esa misma función sanadora para él?

Al principio de un enamoramiento, estás en ese limbo de no saber si las cosas que te escribe el que te gusta tienen un entrelineas interesante o si está todo en tu cabeza. Si te perdiste algún chiste porque todavía no entendés bien su código de escritura. Eso me sucedía con los textos de Mateo, pero a medida que pasó el tiempo lo fui entendiendo un poco más, y descubrí que siempre que quería profundizar en algo personal de él, me tiraba un chiste o se iba por la tangente. En el fondo era bastante cerrado y nunca quería hablar de cosas muy personales. Quizás nuestro chat, para él, era simplemente una distracción para entretenerse un rato. Mientras que yo lo que quería era conocerlo mucho más. Si, ahora escribiéndolo, sé como suena, yo esperando que un signo de aire no se distraiga, y que se abra sentimentalmente por mensajes de texto. Qué iluso. Pero bueno, comprendan, estaba enamorado. Enamorado y colapsado en medio de una tempestad.

Ya habían pasado más de un mes de pandemia y cuarentena, los casos comenzaron a llegar a algunos familiares cercanos y hasta cobrarse algunas vidas de conocidos. Me costaba demasiado dormir por las noches. Pasaba horas distrayéndome viendo vivos de Instagram de gente jugando al tuti-frutti. Mi preocupación por mi familia y conocidos iba aumentando. Estaba ansioso, hipocondríaco, paranoico y hasta me había vuelto el asma un poco. Las conversaciones con Mateo iban disminuyendo, o se acortaban en duración. Una parte de mi no quería abrumarlo con todo lo que me pasaba, así que sólo le contaba cosas superficiales, o hacíamos chistes de humor negro. Él muchas veces se tomaba su tiempo en contestar, o contestaba con risas y stickers. Sin seguir la conversación. Sabía que todo se estaba diluyendo entre nosotros. A veces pensaba, si me había quedado demasiado aferrado al recuerdo de la primera vez que nos vimos en vivo. Que tuvimos una cita, sin tener una cita, y todo fluía, todo era cómodo y reconfortante. Pero por ahora, de vernos ni hablar. Estábamos en esa época de la pandemia que te daba miedo contagiar y enfermar (o hasta matar) un familiar. Lo único que me faltaba, matar a la única persona de la que me había enamorado en años, ja. 

Quizás le estaba poniendo demasiado drama a todo esto. Podía ser simplemente que él era muy amable y que ahora que me conoció más en profundidad, simplemente no le gusté, o no hubo química, o no se sentía cómodo haciendo todo esto virtualmente. Quizás teníamos que ser pacientes y esperar a que todo esto termine y retomar en ese momento. Tal vez su manera de comunicarme esto, era dejar de comunicarse conmigo. De a poco sus mensajes fueron mermando y él ya no me escribía por su cuenta. Si yo no le preguntaba algo, él desaparecía por semanas. 

Es difícil, pero hay que aprender a no proyectar y no encapricharnos en que nuestras relaciones sean como nosotros pensamos que necesitamos que sean. A querer cambiar al otro para que sea como nosotros queremos que sea, porque de alguna forma, eso sería, inconscientemente matar a la persona de la que nos enamoramos. Tal como pasa en la película de Hitchcock, Vértigo, donde el protagonista se esfuerza tanto en convertir o transformar a su amante en su difunta ex que, de alguna forma, termina empujándola hacia el mismo trágico final. Es probable que todo tenga que ver con la pulsión de querer controlar algo, una mínima pizca, de todo lo incontrolable que estaba sucediendo en el mundo. Pero por otro lado pensaba: si a mi se me ocurre, en medio de todo este caos mundial, pensar en algún momento del día en él y en como estará sobrellevando todo, si a mi me surge escribirle para preguntarle, ¿por qué a él no se le ocurre hacer lo mismo?¿Cuál es el límite entre la intensidad y la empatía?

Puede ser que esto sea una necesidad sólo mía, pero hasta me pasa con mi grupo de amigos. Si veo que hay alguno que no aparece por un tiempo largo, me preocupo, le escribo, le pregunto si está bien. ¿Estoy pidiendo demasiado?

Con todo esto en la cabeza, y después de muchos días sin saber de Mateo, me desperté una mañana y pasó algo inesperado. Comencé a marearme. Toda la habitación giraba en mi cabeza y si cerraba los ojos era peor. No podía mantenerme en pie, ni sentado y comencé a sentirme muy mal. La vista se me nublaba, comencé a tener nauseas y vómitos (perdón, no hay una manera más elegante de decirlo), era preocupante porque no se detenía. Tuve que llamar a emergencias.

Para cuando llegó, que por suerte fue rápido, ya se me había pasado un poco, pero todavía me sentía muy mareado y algo asustando. Como pude le abrí al paramédico y me revisó. Me dijo que había tenido un episodio de vértigo. Probablemente provocado por el estrés. Me explicó sobre el tema y me recetó unas pastillas. Y después me preguntó si vivía solo o si tenía a alguien para ir a la farmacia o controlarme las próximas horas por si pasaba algo. A lo que contesté aguantándome el llanto: No, estoy solo. Le dije que podía llamar a mi hermano. Debe haber visto mi desolación y me contestó que no había problema, él se iba a quedar un rato hasta asegurarse que me sienta mejor. Hizo té para los dos y se puso a llenar papeles mientras esperábamos a que se me pase el mareo. 

Conversamos un poco y me dijo que quizás estaba sobre estimulado por todo lo que estaba pasando. Me aconsejó meditar o simplemente, a veces lo que uno necesita es apagar todo, salir un ratito al balcón y ponerse al sol con los ojos cerrados. Y no pensar en nada. Después de ese día, lo empecé a implementar y me sentí mucho mejor. 

Conclusión, el enamoramiento es un hermoso pero vertiginoso precipicio, no por nada en inglés se dice ‘falling in love’ (caer en el amor), es una excitante adrenalina, pero a veces no basta. En este mundo y estas alturas, a veces, lo único que hace falta es que alguien se preocupe por vos un ratito.  

Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: Para vos, ¿qué es lo mejor y lo peor de estar enamorado?

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