“La Veneno”, una serie para dejarse seducir

La ficción biográfica del personaje español, conocida como “La Veneno”, muestra cuántas caras puede tener una persona.

 

En los últimos días, la actriz trans española Isabel Torres se despidió de sus fans con un video, en medio de un complicado estado de salud que la tiene batallando contra un cáncer desde hace un tiempo. “Me han dado dos meses de vida. Vamos a ver si lo supero; y si no lo supero… pues también. ¿Qué vamos a hacer? La vida es así de caprichosa”, escribió la actriz.

Isabel fue una de las tres encargadas de interpretar al personaje central de Veneno, la serie que repasa la vida de Cristina Ortiz, “La Veneno”, una conocidísima vedete española.

La biopic, cuyos ocho capítulos se pueden ver en la plataforma de HBO Max, está basada en el libro ¡Digo! Ni loca, ni santa. Las memorias de La Veneno, de Valeria Vegas. El punto fuerte es que se trata de una ficción basada en hechos reales, creada por una chica trans que habla de vidas trans, con personajes que están magistralmente interpretados por mujeres trans. En Veneno no hay lugar para la especulación ni para la apropiación cultural.

VENENO DE HUMANIDAD

En la serie se tocan muchos puntos importantes y sumamente interesantes de la vida de Cristina Ortiz, quien pasó de ser una de las tantas prostitutas del Parque del Oeste de Madrid a una magnética celebridad televisiva propia de la mediatización de la década de 1990.

Todo arranca cuando la narradora de esta historia (varón que hace su transición hacia transformarse en Valeria) conoce a una Cristina Ortiz ya en declive y decide sacarla del olvido en el que ha caído, escribiendo sus memorias en un libro que termina cambiándole la vida a las dos.

Mediante el recurso del flashback, la serie recorre la complicada infancia de Ortiz en la pacata Andalucía y su progresiva transformación en ese torbellino televisivo, para terminar relatando, sin miradas paternalistas, el declive de su fama. Y mientras eso sucede, todos estamos obnubilados con su belleza e histrionismo.

Otro gran punto por destacar es que esta biopic no cae –como la mayoría de sus congéneres– en los estereotipados personajes de “buenos y malos”, “tontos o inteligente” o “lindos y feos”. Todos pueden ser todo a la vez o en distintos momentos.

“La Veneno”, entrañable en muchos pasajes de la serie, puede abandonar a una amiga por sentirse traicionada y mostrar su cara más despreciable. Puede ser una bomba sexual irresistible o estar completamente desfigurada por inyectarse los labios. Puede ser tan astuta como para “colarse” en la tele y luego tan ingenua que no puede mantenerse en ella. Y así ocurre con los personajes que la rodean, todos viven su vida pendulando entre hacer lo que quieren y lo que pueden.

En varios momentos de la ficción, incluso, se especula con la posibilidad de que ella mienta o fabule cuando se “autorrelata”. Nada de eso termina por importarle al espectador, que no puede dejar de mirar la serie como si estuviese atrapado por el canto de las sirenas.

Entonces bien vale traer a colación las palabras de Marlene Wayar, quien en su libro Furia travesti, recientemente editado, dice: “Mientras todos se arman hasta los dientes para defenderse o protestar (…) nosotras hemos vivido y sobrevivido seduciendo, hemos hecho lo de las sirenas de Ulises: nos rodean pero causamos atracción”.

Y en eso era fuerte Cristina Ortiz y también lo es Isabel Torres.

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