¿Qué pasa cuando dejamos de tener sexo durante mucho tiempo?

La actividad sexual genera beneficios que desaparecen cuando ésta no se practica. Cuáles son las consecuencias negativas.

 

¿Cuánto hace que no tenés sexo? Un día, una semana, dos meses, un año… La periodicidad con la que abordamos nuestra intimidad puede ocasionar consecuencias tanto positivas como negativas.

Así, la presencia o ausencia de encuentros sexuales genera efectos físicos y emocionales similares a los del deporte.

Cuáles son los beneficios de tener sexo

“La práctica de la sexualidad activa tiene beneficios”, anticipó la psicóloga y sexóloga Sandra López, coordinadora de los posgrados de la Sociedad Argentina de Sexología Humana (SASH).

Entre las ventajas, la especialista (en Instagram, @sandrixlopez) mencionó que ayuda a conciliar el sueño, regula el estrés, la ansiedad y la depresión y contribuye a atenuar los dolores. “Todo esto tiene que ver con que en las relaciones sexuales uno libera endorfinas, y esto es positivo para el funcionamiento del organismo en general”, aseguró.

Por otra parte, añadió que está demostrado que las relaciones sexuales refuerzan el sistema inmunológico.

Este conjunto de atributos, dijo la médica ginecóloga, obstetra y sexóloga Bárbara García, puede dividirse en tres grupos:

  • a nivel periférico, los tejidos del pene, la vulva y la vagina se benefician con la excitación porque se llenan de sangre que transporta diversos factores estimulantes del crecimiento y salud de dichos tejidos.
  • a nivel corazón y pulmón, la excitación, como el ejercicio físico, ayuda a nuestro sistema cardiorrespiratorio.
  • a nivel central, la respuesta sexual ‘deseo, excitación y orgasmo’ libera un número alto de neurotransmisores, hormonas y sustancias que estimulan el funcionamiento cerebral y nos conectan con un estado emocional eufórico, íntimo, profundo y muy distinto a las otras conductas que tenemos en el día a día.

Las consecuencias negativas de no tener sexo

Suspender la actividad sexual, entonces, puede generar consecuencias negativas. López mencionó que van a aumentar la ansiedad y el estrés, ya que no se está liberando endorfina ni oxitocina. Otro punto, añadió, tiene que ver con cómo esta ausencia de sexo impacta directamente en la autoestima.

Además, la sexóloga destacó que se produce una suerte de círculo vicioso donde el gran perjudicado es el deseo: “En la medida en que tenemos sexo y este encuentro es catalogado de una manera positiva, esto retroalimenta las ganas de repetir el encuentro sexual. Si tenemos menos encuentros, el deseo se va inhibiendo”.

García (en Instagram, @sexualidadeslibres) hizo una distinción importante y aseguró que, en este sentido, “las personas cuya orientación sexual es la asexualidad tienen mucho que aportarnos”. Ellas y ellos, afirmó, “muchas veces eligen la autoestimulación y muchas veces no; pero su salud se mantiene, ya que no sienten un malestar por no relacionarse sexoafectivamente”.

“En cambio, las personas que experimentan disminución del deseo sexual sostenida por mas de seis meses porque desean vincularse sexoafectivamente pero no coordinan con ese alguien, experimentan estrés. He aquí la gran diferencia entre los dos grupos”, aclaró.

¿Es posible «olvidar» cómo tener sexo?

Retomar la actividad sexual con un otro luego de un tiempo significativo puede generar muchas dudas y expectativas. Pero, ¿habremos olvidado qué hacer a la hora de la intimidad?, ¿es posible no recordar aquello que nos gustaba dentro de ese ámbito? Según López, no es una cuestión de memoria, sino de cómo suelen aparecer aquí ciertas ansiedades respecto al rendimiento sexual.

Para enfrentar este momento, recomendó acercarse a la sexualidad “con seguridad, con convicción, relajados y sin pensamientos perturbadores que nos alejen del camino del placer”.

Bárbara García, por su parte, sugirió que lo mejor es ser sincero tanto con uno mismo como con quien oficia de pareja. “Como toda práctica social, si la dejamos de llevar a cabo sentimos que la próxima vez estaremos un poco oxidados u oxidadas”, sostuvo.

En ese marco, ratificó que es “válido mostrarnos vulnerables, ya que eso nos aportará mucha información” acerca de la disponibilidad y comprensión por parte de ese o esa compañera. “Mientras más data tenga la otra persona sobre tu estado emocional, más fácil podrá empatizar con vos”, concluyó la especialista.

 

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