Engañar al deseo con “planes B” sin piel a piel

Solos, solteros, divorciados, separados... La etiqueta es indistinta, pero la sensación es la misma: “Cada vez cuesta más aguantar”.

 

Anhelo y ansiedad, algo así sienten sobre su vida íntima quienes residen en hogares unipersonales y se encuentran aislados hace ocho meses por las restricciones impuestas para frenar el avance de la pandemia de coronavirus. Solos, solteros, divorciados, separados… La etiqueta es indistinta, pero la sensación es la misma: “Cada vez cuesta más aguantar”.

Paulo, un docente de 35 años, es contundente: “Estoy famélico de contacto físico”, dice, y explica: “Es la abstinencia de sexo, pero también es la falta de abrazos, las caricias, los besos. Necesito el calor de otro cuerpo. Y no me considero ningun sexópata, simplemente humana. No estamos preparados para esto”.

A Verónica (29) todavía no se le agota la inventiva, pero no sabe cuánto tiempo más podrá resistir ingeniándoselas para encontrar satisfacción sexual en planes B: “Gracias al anonimato de las apps, comparto con desconocidos baños de inmersión, duchas, siestas durante el fin de semana, masturbación simultánea, todo a través del smartphone. Son cosas que quedan en lo virtual. No me interesa seguirla en el plano de la realidad. El confinamiento me hizo probar cosas nuevas”, confiesa.

“Engañar” al deseo

¿Es posible lidiar saludablemente con tanto tiempo de abstinencia afectiva y sexual? ¿Cuánto tiempo se puede engañar al deseo con alternativas que no involucren el contacto piel a piel? El médico sexólogo Miguel Acosta, director del Centro Integral de Sexualidad, advierte que cada persona vive sus necesidades con una intensidad diferente, sin embargo, reconoce que “la falta de contacto, afecto, caricias, miradas cómplices, besos y sexualidad afecta claramente en la vida emocional y puede, además, desencadenar altos niveles de ansiedad”, aún cuando sepamos que nos estamos privando de estos encuentros por una buena causa de salud pública.

El crecimiento de la demanda de las apps de citas desde el principio de la cuarentena evidenciaron una apuesta masiva a los encuentros virtuales. Los especialistas también reportan que sus pacientes manifestaron apelar al sexo online como primera alternativa, pero el entusiasmo inicial decayó: “Es un recurso excitante, divertido y válido, pero con el paso del tiempo aquello que hace al erotismo, la sensualidad, la intimidad y que se consolida en los besos, las caricias y el contacto de los cuerpos, comienza a gestar una suerte de vacío e incrementa ampliamente el deseo del encuentro”, explica Acosta.

Para el psicoanalista Luciano Lutereau, las limitaciones de este recurso están en su propia dinámica: “En el sexo virtual a veces importa más conseguir que el otro ceda ante ciertos pedidos que generar algo. Esta es la diferencia entre una escena de poder y lo que caracteriza a lo erótico, que es sorpresa y encuentro con el otro. Lo interesante es que la cuarentena nos muestra que no hay erotismo aislado. Cuando el sexo virtual ​es una instrumentalización de la imagen del otro con fines personales, es un acto de poder”, analiza.

Para Malena (22), otro recurso útil fueron los juguetes eróticos y el porno: “Ya los usaba antes de la cuarentena, pero durante el confinamiento lo hice con mucha más intensidad. Casi el doble que antes, hasta cuatro o cinco veces por semana. Por suerte en mi casa no es un tema tabú porque todavía vivo con mi mamá”, cuenta.

Según Acosta, tanto en el consultorio como por información estadística, se evidencia que al inicio de la cuarentena hubo mayor consumo de pornografía y también registro en páginas porno premium: ”Su uso es algo extendido en todas las generaciones como estímulo sexual, aunque es cierto que los jóvenes suelen ser mayores consumidores y son los que comentan su uso con total naturalidad”, detalla.

Lutereau tiene una mirada muy diferente a la de esos varones. Según su perspectiva, esa fantasía voraz es propia de la “hipersexualización” de nuestra sociedad: “Los adolescentes, en quienes la plenitud del deseo sería más patente, han venido llevado muy bien la cuarentena desde este punto de vista. La queja por la abstinencia es más propia de personas post-30. ‘Necesitan coger’, pero en un plano semejante a la adicción, por inmadurez emocional, por no poder realizar su vida erótica en otros niveles, que podrían incluir la sublimación, el estar con uno mismo”, explica.

Para este psicoanalista, si algo positivo tuvo esta cuarentena es que permitió que muchos se dieran cuentan de que usaban la sexualidad como una vía de descarga y empezaran a “erotizar” aspectos de su vida que tenían abandonados, como cocinar, bailar, jugar. “El deseo urgente, que no admite espera, se pierde como deseo y se transforma en ansiedad, es también el deseo que busca el sexo como solución inmediata, pero que no resuelve nada, que no implica crecimiento personal”, advierte.

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