Sexo Gay En La Ciudad: Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 2)

Recuerdo caminar hasta la otra punta de la ciudad bajo la lluvia helada. No les voy a mentir, me sentía un poco idiota por haber idealizado a alguien que no conocía y más aún por haberle dicho que me gustaba

[Continúa desde Parte 1…]

El flash de un relámpago me hace entrar de nuevo a mi depto, la luz sigue sin volver. Pero ¿dónde estaba? Ah si, por contarles si entraba al cine a espiar a mi ex y el chico nuevo con el que estaba. Por supuesto que no entré. Soy dramático pero no tanto. Simplemente fui a correr y descargué todos esos pensamientos en el Parque Sarmiento. Después de tanto desgaste obviamente quedé muerto. Tratando de no enroscarme. Ya está. Y si Rodrigo volvió con su ex o no, ya no importaba. 

Ese fin de semana pensé en quedarme tirado mirando series, pero uno de mis amigos me invitó a Zen para levantarme el ánimo, salir un poco. Y allá fuimos. La pasamos estupendo, ahogando las penas en la pista. Estaba particularmente lleno esa noche, por lo que nunca me había dado cuenta que Rodrigo estaba ahí. Y si, ¡adivinaron!¡con un chico!. Otro diferente al del cine. Bailando en el medio de la pista, muy acaramelados. Por suerte, para cuando me di cuenta, faltaban 20 minutos para que termine la noche. Le dije a mi amigo de irnos sigilosamente un toque antes. El acepta y cuando miré por última vez hacia la pista, entre un flash de luces, veo a Rodrigo besarse con el chico en el medio de la pista. Esos éramos nosotros hacia unas semanas. Si apagaban la música en ese momento se hubiese escuchado como se me partía el corazón. Nos fuimos inmediatamente de ahí. 

Me acuerdo mirar fijo la ciudad por la ventana del taxi de regreso a casa. Si el taxista o mi amigo hacían algún tipo de contacto visual conmigo, estallaba en llanto. Pensaba si Rodrigo y el chico ya se conocían de antes, si se había olvidado de mí tan rápido y si habré significado algo para él o si fui uno más. Si me había hecho yo toda una película en la cabeza digna de tachos de pochoclos, o si todo había sido una mentira. 

Era chico y en ese momento, lo sufrí bastante. Después entendí que siempre va a ser así, a algunas personas les cuesta mucho menos encontrar oportunidades para pasar de una relación a otra. E inevitablemente uno de los dos siempre va a conocer a alguien antes que otro. ¿iba a cambiar algo si esto pasaba unas semanas después?¿un mes después?¿si me enteraba o si no me enteraba? La verdad que no. Porque cuando querés a alguien de verdad, querés que esté bien, que sea feliz. No sé, no me salía tenerle bronca en ese momento, ¿está mal?

Esta historia tiene un final feliz, aparentemente si signifiqué algo para él, porque desde entonces pudimos superar todo y ser muy buenos amigos. Y ahora hasta nos reímos de esto. 

Tres Tequilas En La Ciudad

En esa época en que salía a bailar solo, cuando todavía no tenía amigos gays, en esa época en que todavía no había salido del closet y tenía que escaparme de las fiestas de mis amigos hetero para ir a los primeros boliches gays. Ahí es cuando conocí a Xavier (no se llamaba así, pero digamos que si). Lo había cruzado varias veces en ese boliche, y siempre estaba solo. Bailando en alguna esquina. Era la época en que podías ir a un boliche sólo y nadie se iba a dar cuenta, porque explotaban de gente. 

Xavier era algo serio, pero le encantaba bailar, se la pasaba toda la noche bailando y sólo iba a la barra para comprar agua, para después seguir bailando. Siempre estaba impoluto, una camisa impecable, zapatillas que no sé cómo hacía para mantenerlas tan limpias. Sobretodo porque era esa época en que se podía fumar adentro y la mezcla de las cenizas de los puchos y el fernet era letal para las zapatillas ¿se acuerdan?. Xavier era mucho más bajito que yo, por lo que hacer contacto visual era algo complicado. Aún así me esforzaba por llamarle la atención. Pero él, seguía en la suya. No hablaba con nadie, solo bailaba, casi no sonreía. De hecho, creo que nunca lo vi sonreír¿Qué me gustaba de él? No lo sé. Quizás que estaba en la misma que yo, había algo de su melancolía que me atraía. Que fuera alguien diferente. Quizás, estaba esperando que alguien le hable, en mi mente, creía que podía ser yo. 

Hasta que una vez, quizás habían pasado unas semanas o meses después. Me lo crucé en un semáforo. Recuerdo cuál semáforo exactamente. el que conecta la Avenida Yrigoyen y la Plaza España. De frente. Pleno día nublado. Y puedo jurar que al fin hicimos contacto visual y me reconoció. Lo vi tratando de recordar dónde me había visto antes. Yo medio que no supe qué hacer. Ninguno dijo nada, solo seguimos cruzando la calle, yo en cámara lenta por supuesto. Hasta hoy me acuerdo lo azul profundo de sus ojos y como reflejaban el cielo gris de otoño. Después de cruzarlo esperé unos segundos para hacer la prueba de ver si se daba vuelta. Pero ya no estaba, se perdió entre la gente. 

Un tiempo después. Yo acababa de terminar mi relación tortuosa con Martín (mi segunda relación importante). Un poco ya estaba cansado de no ser yo y de sufrir solo todos mis desamores en la ciudad. Si bien ya iba a terapia, hay momentos en que necesitas contarle a tus amigos y desahogarte con ellos. Así es como, finalmente, salí del closet con dos de mis mejores amigas. Y fue genial. La felicidad que tenía ese día, de AL FIN dejar toda esa mochila atrás fue increíble. Para festejarlo, ese sábado, improvisamos una previa y decidimos ir a bailar a un boliche gay, el clásico Club V. Ellas nunca habían pisado uno y yo finalmente no iba a ir solo. 

Bailamos en la pista, nos divertimos muchísimo y brindamos con unos toc tocs de tequila. Algo que no tomaba desde la secundaria. Hacia el final de la noche, entre la gente, apareció firme como siempre, en el mismo lugar, impoluto como siempre. Xavier. Le conté nuestra no-historia a mis amigas. Ellas querían que le fuera a hablar, que me anime. Se ofrecieron para ir ellas a hablarle por mi, pero se los prohibí. Ya no estábamos en la secundaria. Quizás sólo necesitaba un incentivo para animarme: otro toc toc, o dos más. Y a por ellos fuimos. Pero la noche nos quedó corta. Se terminó la música. La gente comenzaba a irse y Xavier también. 

Afuera llovía a cántaros, pero no parecía que fuera a parar. Mientras esperábamos a que parase algún taxi, yo no perdía de vista a Xavier. Si hay alguien que sabía lo que era esperar un taxi solo, era yo. Una de mis amigas consiguió el taxi y se suben rápidamente. Pero algo en mí se despertó e hizo que esa noche me animara a hacer algo diferente. Quizás fueron esos tequilas, o la confianza de estar fuera del closet, no lo sé. Les dije que se fueran, yo iba a animarme a hablar con Xavier. Ellas aprobaron contentas y se fueron. 

La gente se fue yendo pero Xavier y yo seguíamos ahí. Cada vez pasaban menos taxis, la lluvia helada caía como dagas. Pero nada me importaba. Yo solo pensaba en como acercarme a Xavier y a hablarle. Descubrí que eso de que el alcohol te desinhibe era mentira, o al menos no estaba funcionando. Algunos se cansaron y comenzaron a caminar. Solo quedamos nosotros dos y finalmente le balbuceé algo como: ‘Me parece que vamos a tener que volver caminando’. El casi que asintió, pero no dijo nada. Nos quedamos un rato en silenciosa tensión y en medio de la lluvia. Hasta que él comenzó a caminar. En mi mente, yo lo frenaba, le decía que me gustaba y nos besábamos bajo la lluvia. Mi primer beso bajo lluvia. El beso perfecto. Pero solo me animé a decirle: ‘¡Esperá!’. Le confesé que me gustaba con algunas palabras que me dan vergüenza reproducir en este momento y de mi bolsillo saqué una tarjeta que tenía con mi celular. No pregunten, era hace muchos años, teníamos tarjetas con nuestros números y hasta, a veces, servilletas. 

La mirada descolocada de Xavier sin decir nada mientras yo hablaba, también me quedó grabada. En un momento pensé que no me había entendido nada y hasta pensé en que era mudo. Pero finalmente habló y  me dijo: ‘No, gracias’ y me devolvió la tarjeta, yo estaba tan en shock, y nervioso y todo, que no se la recibí y le insistía para que se la quede. Entonces él no tuvo mejor idea que tirarla al piso frente a mi e irse. Mientras veía como la tarjeta y mi corazón se empapaba en ese charco, Xavier se alejaba entre la lluvia. 

Recuerdo caminar hasta la otra punta de la ciudad bajo la lluvia helada. No les voy a mentir, me sentía un poco idiota por haber idealizado a alguien que no conocía y más aún por haberle dicho que me gustaba. Y sí, ese regreso a casa fue eterno y humillante. Pero esa noche la había pasado tan bien, había salido del closet con mis amigas y pensaba que al otro día les iba a poder contar sobre todo esto, que lo de Xavier, al final, era una muy buena anécdota. 

A Xavier todavía lo sigo cruzando hoy en día cuando salgo a bailar con mis amigos. No sé su nombre verdadero y nunca lo vi sonreír, ni estar con alguien. Sigue siendo un misterio para mi. Y en cuanto a mi, unos años después tuve mi primer beso bajo la lluvia y descubrí que, no sólo soy bastante resistente al tequila, sino también a que me rompan el corazón.

Regresó la electricidad y me despertó del recuerdo de estas historias. A veces está bueno recordar que gracias a esas veces que nos rompieron el corazón, hoy somos quienes somos. Un poco más fuertes y resistentes, y con la satisfacción de saber que podemos sobrevivirlas y seguir tratando. A veces cuesta darse otra oportunidad para entregarse y enamorarse de nuevo, a veces simplemente es cansador volver a empezar de cero. Quizás sea una visión optimista y cursi, caprichosa y hasta masoquista. Pero es parte de nosotros valorar las cosas cuando no las tenemos: cuando se va la luz, valoramos más la electricidad. Cuando no podemos salir, valoramos la libertad. Y cuando nos rompen el corazón, es horrible, lo sé, pero eventualmente valoramos más cuando nos volvemos a enamorar. Y ¿qué es una persona sin la esperanza de volverse enamorar?¿qué es una ciudad sin historias de amor y supervivencia?

Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Cómo fue la última vez que te rompieron el corazón?

4 COMENTARIOS

  1. La última vez fue cuando el se fue a Europa a probar suerte. Pero lo hablamos bien.muy bien. Lo intentamos a distancia pero no resultó. Hoy somos buenos amigos. Nos queremos a nuestra manera

  2. Que bueno que lo hayan podido hablar, yo no tuve esa suerte. Hoy estaba pensando en las relaciones a distancia y como van a cambiar a partir de la pandemia. Me parece bien que hayan podido mantener la relación y ser amigos. Saludos Pepe, gracias por compartir.

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