Sexo Gay En La Ciudad: Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 1)

Salí al balcón para tomar un poco de aire y contemplando el horizonte en silencio pensé en todas esas veces que la ciudad fue hostil conmigo, todas las veces que me han roto el corazón, en todas estas calles y como hice para superarlos.

 

‘Todas esas luces llamándome, estoy al borde y listo para salir…Sobreviviendo en la ciudad. Seguir dando, seguir tomando, seguir construyendo, seguir rompiendo, seguir amando, seguir odiando, sobreviviendo en la ciudad. Seguir viviendo, seguir muriendo, seguir cayendo, seguir levantándome, seguir entregando lo que me dé la gana’ – Client Liaison

Después de un reencuentro con mi ex y del regreso inesperado de los ataques de pánico. Estuve encerrado por un tiempo con pocas ganas de salir a la ciudad. Sabía que ese domingo caluroso y nublado, no iba a ser fácil de sobrellevar. Pero aún así logré levantarme, bañarme y hacerme un reconfortante desayuno. Justo cuando me digné a ver una comedia que me haga al menos sonreír, de repente, se cortó la luz. Cuando hay gente que extraña la soltería, es porque nunca recuerda éstos desayunos solitarios de domingo, en absoluto silencio. 

A veces cuando rememoro estos momentos para escribirlos, pienso ¿por qué no llamé a un amigo?¿por qué no salí de mi casa? Y es que siempre me olvido que a veces la tristeza se te pega al cuerpo y pesa. Y no tenés ganas que nadie te ve así. En mi caso, hasta me parece egoísta juntarme con alguien cuando estoy así. Prefiero que se me pase solo. No sé, es inentendible. Salí al balcón para tomar un poco de aire y contemplando el horizonte en silencio pensé en todas esas veces que la ciudad fue hostil conmigo, todas las veces que me han roto el corazón, en todas estas calles y como hice para superarlos. Tres historias me vinieron a la mente…

Un Té Helado En La Ciudad

Hacía pocos meses que me había mudado solo a un departamento de Nueva Córdoba, al fin era libre y estaba muy contento de comenzar una nueva etapa. En esa época todavía usábamos el teléfono fijo. Y mi contacto con el mundo gay eran las salas de chat telefónico. Para los que no recuerdan (o para los centennials) era así: llamabas a un número, dejabas tu presentación y después podías acceder a presentaciones de otras personas conectadas. Podías ir dejando mensajes de audio o si querías, aceptar una llamada en vivo. Así es como conocí a Agustín. Por supuesto, era incomprobable que se llame así, pero en un punto, no importaba. Yo para él me llamaba Joaquín. Agustín me llevaba tres años, y estaba estudiando arquitectura, a punto de recibirse. En el chat, podías ir por el lado del sexo telefónico o, cuando pintaba, solo podías conversar y hacer amigos. Yo la usaba para las dos cosas. Pero con Agustín conectamos de inmediato. El era de esos que hacía chistes malos todo el tiempo. Y eso me encantaba. Además, que era una gran compañía la verdad, ambos vivíamos solos. Nos pasábamos horas hablando por teléfono. Sobre todo después de cierta hora, salía mucho más barato, casi gratis (eran los últimos tiempos del teléfono fijo).

A veces cenábamos con el altavoz, estudiábamos y hasta nos íbamos a la cama escuchándonos. ¿Tuvimos sexo telefónico? Tuvimos sexo telefónico. Después de dos meses, mas o menos, ya habíamos tomado confianza como para pasarnos nuestros celulares. Y así, durante el día, podíamos textearnos y hasta sextearnos. (no existían las nudes todavía).

Hasta que después de un tiempo, era hora de conocernos cara a cara. Medio que lo habíamos obviado todo este tiempo y ya no daba para más. Yo estaba un poco aterrorizado porque la verdad, no estaba seguro de gustarle, ya tenía ese mambo desde esos tiempos. Pero dijimos que si todo salía mal, al menos, podíamos ser amigos. Así es como después de posponer muchas veces, un día a la salida de la facultad, me llega un mensaje para ir a merendar. Me dijo que no lo piense, ‘así nomás’, ‘sin tanta preparación, sin presión’. Y seguro me convenció con algún chiste tonto, porque acepté. Así que después de mi última clase ese jueves, me escapé de mis compañeros (porque todavía estaba en el closet) y caminé a la cafetería dónde habíamos quedado. Iba a tener una verdadera cita a ciegas. 

Cuando llegué me había dicho que me iba a estar esperando afuera, con una campera de jean. Nos reconocimos en el acto. ‘¿Agustín?’ Se dio vuelta, yo fui a por el beso y él me saludó incómodamente dándome la mano. Se puso un poco serio, y quiso que nos sentemos rápido. El me observaba de arriba a abajo, disimuladamente. Me hacía poner algo incómodo. Por suerte el mozo vino rápido y nos salvó. Me pedí un café y algo para comer que no recuerdo. Él sólo pidió un té. Traté de sacar conversación para romper el hielo, Agustín estaba un poco cortante. Se fue soltando de a poco. Pensé que quizás le incomodaba estar en una mesa en la calle. Me preguntó algo de la facultad y de cómo me estaba yendo en las clases, o algo así. El mozo interrumpió para traer las cosas. A él le suena el celular. Era su hermana. Había llegado antes y tenía que ir a buscarla con el auto a la terminal. Sí, ya sé lo que están pensando. Pero estábamos cerca de la terminal, me dijo que iba a hacer eso y volvía rápido. Yo le dije que no había problema, que vaya tranquilo y vuelva. O lo dejamos para otro día. ‘No!’ me dijo, ‘voy y vuelvo volando ¿no me creés?’. Cuando se levantó me dijo: ‘si querés dejo pagado’. Le dije que no, obviamente, que le creía. 

Puse el plato sobre su taza para que no se enfríe tanto su té. Pasó media hora, una hora y decidí escribirle. Nunca me contestó. Destapé su té, que ya estaba helado a esa altura y hasta tomé un poco, porque me daba vergüenza que el mozo se diera cuenta que me habían dejado plantado. Ya suficientes humillaciones por hoy. Fue el té helado más triste de la historia. Claro, por eso nunca se pidió nada para comer, al menos tuvo la decencia de pedir lo más barato de la carta. No volvimos a mensajearnos, ni lo crucé más en la sala de chat telefónico. Quizás se cambió el nombre. ¿Acaso no estaba listo para esta situación? Puede ser. ¿No le gusté físicamente? Probablemente. ¿Era un cobarde? Era un cobarde. Por suerte a esa altura ya iba a terapia y pude convertirlo en una anécdota graciosa, aunque el trauma de conocer a alguien a ciegas, me quedó por mucho tiempo. Quizás aún hoy tengo todavía un poco de eso. ¿Será por eso que casi siempre se me terminan frustrando las juntadas de Tinder? Probablemente. 

Unos años después lo volví a cruzar en la calle, el estaba con un chico, probablemente en una cita. Yo estaba con mis amigos. Lo miré fijo, el me reconoció y simplemente bajó la cabeza. Yo seguí mi camino, con la frente en alto. 

Dos Pochoclos En La Ciudad

Hacía apenas 5 días habíamos decidido no seguir intentando con Rodrigo. Si bien yo quería seguir dándonos una oportunidad, él ya se había rendido aparentemente. El golpe fue muy abrupto. Hacía pocas semanas éramos ‘oficialmente’ novios. Y yo no podía haber estado tan contento. Es que hacía mucho que no me sucedía que alguien que me gustaba,  AL FIN, también gustara de mi. Físicamente me parecía demasiado para mi la verdad. Pero más allá de eso, estaba contento porque el camino y cómo llegamos a donde llegamos había sido lindo. Y, para variar, no era de esos tipos creídos con los que me obsesionaba seguido. Le tenía mucho aprecio como persona. Todavía le tengo. 

Es por eso que no tuve mejor idea que salir a contarlo a los 4 vientos. Hasta a mi familia, mis amigos de Santiago, los que vivían afuera. Todos sabían quién era Rodrigo. Hasta estaba planeando cena de presentación oficial. Un poco intenso, lo sé, pero estaba feliz, no medía. Unas pocas semanas después, Rodrigo me envía un mensaje por el chat, de que teníamos que hablar. Y todos sabemos lo que eso significa. Cortamos. Si bien decidimos seguir siendo amigos, decidí alejarme un tiempo para procesar todo.

Cinco días después, camino al parque para correr y distraerme un poco, lo cruzo a lo lejos. Era él, Rodrigo y otro chico. Un chico que creo era uno de sus ex. Inmediatamente me metí a un negocio random para que no me vea. Parte de mi quería seguir al parque, pero fue más fuerte que yo, quería ver hacia donde estaban yendo. ¿una cita?¿a la casa de él?¿a una juntada de amigos?¿habían vuelto?¿por el me había dejado?

Hice de todo para que no me vieran, además estaba en short y con una botellita de agua, yendo en dirección opuesta al parque. Era altamente sospechoso. Los perseguí y me di cuenta que estaban yendo al Patio Olmos. ¿Entré? Entré. Inmediatamente sabía a dónde estaban yendo. Al cine. ‘Se puede ir al cine con un amigo’ – me intentaba autoconvencer-. Rodrigo estaba relajado y tranquilo. Quería ver si había tensión sexual entre ellos, qué película iban a ver, si compraban 2 pochoclos o el combo de parejas. ¿Qué hago?¿Entro a la película con ellos? …

[Continuará…]

Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Cómo fue la última vez que te rompieron el corazón?

6 COMENTARIOS

  1. El hdp se encantaba con mí amigo. Podes creer q cogían cinco meses antes de descubrirlos? Vergüenza para este tipo de gente. No respetan al otro no a ellos mismos. Yo estaba muy enamorado. Ahora digo basta. Nunca más. Chau. Fue el amor

    • UFF me re duele cuando pasan esas cosas con amigos, es como que se te parte el corazón 2 veces. Igual siempre hay que permitirse darle otra oportunidad al amor, ya vendrá algo mejor. No te rindas todavía. Gracias por compartir Sergio.

  2. la ulitma vez? pfff fue hace tanto tiempo. jajaja. Pablo, creo que nos rompen el corazon muchas veces, con pequeños actos. Mi última vez el pibe me cortó (apenas llevabamos tres meses) . No se, creo que hay mucho contagio del ‘garch and go’ . Se aburrio? no lo se, porque como cagon que fue me cortó por whatsapp. Aun no se que paso. Pero a veces es mejor olvidar ese tipo de cosas

    • Si, cuando no te dan explicaciones es lo peor, porque siempre te quedás pensando que pasó y no te permite seguir. Sobretodo cuando es al re principio de la relación que lo tenés re idealizado al otro. Pero lo mejor es no enroscarse y olvidar lo más rápido. Mejor pensar que no tuvo nada que ver con vos sino con sus propios mambos. Y a otra cosa. Saludos Marchelo.

  3. Llevábamos tres meses saliendo (yo creía que éramos novios) y de la noche a la mañana cambió todo, dejó de escribir y de responder mis mensajes. Me dijo que necesitaba tiempo. Por insistencia mía volvimos a vernos un par de veces más después de ese tiempo que le di, lo noté más distante. Después de desaparecerse unos días, por chat de msn me dijo que estaba conociendo a otro chico. Yo tenía 19 y el 33, esperaba un poco de madurez de su parte y que al menos me dijera las cosas de frente.

    • Si, a veces, la madurez no tiene que ver con la edad. También siento que hay una generación que no tuvo mucha oportunidad de tener experiencia en esto de las relaciones gays, quizás de ahí también viene esa inmadurez. Para eso la comunicación es clave en estas relaciones, sobre todo si hay tanta diferencia de edad. Gracias por compartir tu historia Santi, saludos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí