La neurociencia dice que los gays infieles son menos inteligentes

Muchos hombres gays perciben la fidelidad como una condena, una especie de pérdida de libertad. A veces incluso, es mucho más que eso: La fidelidad para muchos hombres gays es un adiós a su propia

 

Muchos hombres gays perciben la fidelidad como una condena, una especie de pérdida de libertad. A veces incluso, es mucho más que eso: La fidelidad para muchos hombres gays es un adiós a su propia autonomía e independencia. Y es que sienten que la lealtad conlleva daños mayores que no les compensan: La imposibilidad de hacer descubrimientos excitantes y altamente morbosos.

Sin embargo, en estos casos la ciencia dicta sentencia: Su infidelidad no es más que un síntoma de poca inteligencia. De cierta involución e incluso falta de egoísmo saludable.

Esto que pueda resultar un tanto descabellado para muchos es el resultado de una profunda y ardua investigación en el campo de la neurología que se ha llevado a cabo durante varios años.

Infidelidad gay, neurociencia e inteligencia. Rodolfo Llinás, director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York ha estado al frente de esta curiosa investigación científica. Su trabajo ha girado alrededor de un análisis profundo sobre el amor a nivel químico, neurológico y cerebral.

El resultado ha sido claro: El ‘amor eterno’ suele ser experimentado por personas altamente inteligentes, concretamente esas personas que «estructuran los patrones de acción sobre el principio de percibir a la pareja como la mano de uno mismo«. También aquellos que no están predispuestos a malgastar sus energías emocionales de forma inútil.

Este investigador declaró en una de sus intervenciones en prensa que la intención de acostarse con otra persona sólo por disfrutar de unos momentos de placer físico no corresponde al concepto de amor puro. Y es que, según sus propias palabras, el compromiso es un requisito imprescindible para que este se dé.

Pero por otro lado… ¿Qué relación existe entre la inteligencia y la fidelidad como tal? Al final estamos hablando de un concepto algo más profundo: Sobre la felicidad, la tranquilidad vital y la plenitud. Y es que, los hombres que son fieles tienen la capacidad de discernir qué es lo verdaderamente importante en la vida.

Cuestión de felicidad, adaptación al medio y pervivencia de la especie. Y es que si analizamos los pasos de un hombre infiel al final podemos extraer conclusiones claras: Invierte una enorme cantidad de energías y estratagemas para vivir en la mentira, en la ocultación y en la propia culpa pues en el fondo se sabe traidor.

En contraposición a él, el hombre gay fiel tiene un espacio vital mucho más amplio que le permite fluir con mayor amplitud por las cuestiones realmente trascendentes de la vida. Además de su paz plena interior y emocional, se sabe plenamente merecedor de la compañía y apoyo de su pareja de por vida algo que al final se traduce en una forma de vida más rica, saludable y evolucionada.

Resulta una idea un tanto imprevista, aunque lo cierto es que otros estudios a parte del de Llinás han apoyado esta misma hipótesis. Según el investigador Stoshi Kanazawa, especializado en psicología evolutiva en la Universidad de Londres las conclusiones también son claras: La fidelidad se encuentra presente en hombres con alto cociente intelectual.

Y es que según su estudio, no hace falta más que echar un vistazo a la evolución del ser humano y las relaciones. Si bien en un pasado (bastante lejano) la poligamia regía la estructura social, con el paso de los siglos esta viró hacia la monogamia, pero ¿por qué? Según Kanazawa, y apoyando la hipótesis de Llinás, se hizo buscando una tranquilidad mental y vital.

Ambos coinciden en una idea común: Tan sólo los hombres gays con escasa inteligencia se siguen inclinando hacia la promiscuidad cuando están manteniendo una relación estable con otro hombre.

La monogamia también surgió como un mecanismo de supervivencia para reducir y evitar la propagación de enfermedades de transimisión sexual y garantizar la pervivencia de la especie. Al final se trata de un mecanismo muy relacionado con la adaptación al medio y la evolución intraespecie, ambos conceptos directamente relacionados con la inteligencia.

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