Sexo Gay En La Ciudad: Un Valentín De Verano

 

‘Te sientes como el verano, me atrapaste el corazón, serás mi Valentín en verano, en verano…Te amo, y no hay nadie superior a vos…¿vos me amás?’ – Childish Gambino

Hace Un Par De San Valentines Atrás…

Una noche de verano derritiéndome de calor en mi depto., seguramente llorando conmovido por alguna serie, suena un match en el celular. Es de la app de citas que hacía mucho no tenía noticias. Otro hombre con foto borrosa meticulosamente misteriosa como para llamarme la atención. Valentín (no se llamaba así, pero digamos que si por el bien de esta columna), unos cuantos años mayor que yo. Mejor. ¿Quién tiene paciencia para dramas adolescentes en verano?. Comienza a mensajearme, me ve conectado. Recuerdo mi regla de no contestar perfiles sin fotos nítidas. Pero dije: ¿por qué no?. Pegamos onda inmediatamente, quizás haya algo lindo acá. De repente no me importaba el calor ¿acaso no es suficiente señal esa?. Sin que se lo pida, me envía una foto, que fotogénica es la bondad ¿no?. Seguimos conversando un rato más. Se estaba haciendo medianoche y me invita a tomar un helado. Lo consulto con el balcón: ¿que tenía que perder?¿por qué quedarme encerrado cuando podía salir un rato a la ciudad?. Me autoempujo a decirle que si: ‘¡Si!’. ‘En media hora estoy ahí’ me dice.

Lo espero abajo algo nervioso, impaciente. Pero no quiero transpirar. Calma. Respirá. ¿Habrá sido ese señor que pasó?¿Me mintió?¿Me equivoqué?. Calma. Respirá. Una bocina me desconcierta. ¡Es él!. Nunca me dijo que venía en auto. Le indico mi heladería favorita y allá vamos. Tenía una gorra, ‘esto es muy de los 90’s’ pensé. ¿Qué ocultaba?. Inconfundiblemente es él, más joven que en las fotos. Me sonríe. ‘¿Qué?’. ‘Nada’ – le respondo-. ‘Estaba un poco despeinado’ me dice. ‘Mucho viento’, lo cargo. 

Él frutos rojos y limón. Yo ananá y crema chantilly. El está algo nervioso, no se esperaba tanta gente a esa hora. Lo saco de ahí: ‘¿querés caminar un poco?’. ‘Dale’. Unas cuadras en silencio después se anima a decirme: ‘No estoy acostumbrado a esto’. ‘Al helado?’- lo cargo otra vez – ‘no pasa nada, menos acá en Nueva Córdoba’. ‘Ya sé…pero no me acostumbro…ya estamos por llegar al 2020 y no me acostumbro’ – me responde -. ‘Entiendo’ le contesto. ‘En Brasil soy más suelto‘. Claro, era A.B. antes de Bolsonaro.

‘¿Querés probar?…’ lo miro pícaro, él sonríe con una cucharada de frutos rojos en la mano. ¿Por qué no? pensé. Le saco la cuchara de la mano, porque hasta yo tengo mis límites. ‘¿Vos querés?…Es ananá’. Le queda una gotita en la barba. Nos reímos. Lo hubiese besado ahí. pero no. Qué lindo todo. 

Volvemos al auto. Damos unas vueltas hasta que… ‘¿Querés ir a tomar algo a casa o es muy tarde?’. Finjo dudarlo…’Bueno…dale’. Además, me intrigaba verlo sin la gorra. Apenas subimos el ascensor, se podía sentir la tensión. La más linda de las tensiones. Lo que daría por esa tensión ahora. Entramos y el calor interno nos lleva al gigante y alargado balcón que daba sobre una avenida. ‘¿Que querés tomar?’. ‘Agua fría primero’. Observo la ciudad desde el balcón y pienso: menos mal que me autoempujé a esto. Me apoya el vaso frío en el hombro. Escalofríos del lindo. Se saca el gorro y se pone serio. Trato de no mirarlo tanto. Brindamos con el agua y mientras la tomamos nos miramos como si nos quisiéramos tomar entre nosotros. Me quita el vaso de la mano, los deja por ahí y con sus manos me toma la cara para besarnos. Frutos rojos y ananá. 

Después de unos cuantos segundos se me cuelga en un abrazo ahí entre las penumbras de su living. Respiró profundo en mi espalda como si quisiera guardarse el abrazo de recuerdo en sus pulmones. A los besos, me acercó a su habitación y tuvimos de esas sesiones de sexo bien potentes. Toda su reserva y timidez desaparecieron en ese momento. Se transformó en otra persona, más intensa,más pasional también. Se sentía como que ambos habíamos liberado meses de sequía. Y como cuando pasás mucho tiempo sin tomar helado, nos devoramos por completo, sin desperdiciar ni una gota. 

Al terminar y después de ducharnos ambos, me invitó a quedarme ‘un ratito más’, lo que se transformó en unas horas más. Nos quedamos en la cama relajados y conversando, como si nos conociéramos desde hace años. Como esas charlas de amigos a la madrugada en vacaciones de verano. A oscuras se animó a confesarme algunas cosas personales: el trauma y el rechazo de su familia cuando salió del closet, como gracias a una amiga había logrado escaparse a vivir a Brasil y había dejado todo atrás. Y cómo todo eso lo marcó en sus relaciones, aún hoy. Todo lo que le dolía regresar a la ciudad y encontrarse con algún familiar. Ahí comprendí mejor su discreción y su timidez. Cuando me preguntó por mis relaciones, en ese entonces le conté sobre el Sr. Q y cómo, aunque suponía que nunca iba a suceder entre nosotros, me costaba mucho abrirme a conocer a alguien nuevo. Le conté como tuve oportunidades y siempre me parecía injusto no estar enfocado 100% en que funcione por pensar en el Sr. Q. En ese momento Valentín me señaló que lo había logrado bastante bien con él, pero ambos sabíamos que en unos días él se volvía a Brasil, en un punto, todo era finito entre nosotros. No era lo mismo. Y ahí él me hizo una pregunta que me hizo pensar: ¿No te parece más injusto no permitirte conocer a alguien nuevo?¿Acaso el Sr. Q no se permitió conocer a alguien nuevo? ‘Si’ -le contesté – ‘pero yo soy un poco antiguo en eso, mi corazón y mi cabeza van de uno por vez’. El me entendió. No se lo dije en ese momento, pero haberlo conocido me daba esperanza de que algún día iba olvidar al Sr. Q y avanzar. Las personas como él, los encuentros como este, hicieron que sucediera. 

Le pregunté la hora, porque ya era hora de irme. Eran cerca da las 5. Se quedó observando el celular. ‘Ja’…’es 14 de Febrero’ – dijo -. Ambos lo habíamos olvidado por completo, hasta yo el más cursi del mundo lo había olvidado. ‘Feliz Día de los Enamorados’ – le dije – y comenzó otra sesión de besos. ‘Quedate a dormir’ – me pidió – y pensé: ¿por qué no?

Antes de despedirnos nos prometimos algo. Que cada vez que él esté de visita, si estábamos solteros, nos íbamos a encontrar y repetir todo de nuevo. Sin compromiso. ‘Trato hecho’. Sellamos el trato con unos besos más en el ascensor. Y así fue como pasamos algunos San Valentines juntos, conociéndonos más, poniéndonos al día en todo sentido. Algunos los pasamos juntos y otros separados.

Unas semanas antes de éste San Valentín…

Tomé la iniciativa de escribirle yo. Nos habíamos saludado para las fiestas. Me dijo que estaba muy bien. Que había conocido a alguien y que este año decidió no volver a Córdoba para disfrutar sus vacaciones con él. Me puse contento por él, de verdad se lo merecía. 

En cuanto a mí, iba a pasar solo este San Valentín, otro de los tantos. Observando la ciudad pensé, que si Valentín lo había podido lograr, yo también podía. El Sr. Q al fin había quedado atrás y por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba preparado para volverme a enamorar de lleno, al 100% como me gusta. Y que quizás ahí afuera en la ciudad, no sólo hay un Valentín de verano, sino uno de cuatro estaciones. Si al fin y al cabo, los helados se toman los 365 del año. Bueno 366, porque no hay que desperdiciar ni un solo día. Ni una sola gota.

Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: Y vos ¿tenés alguna historia de San Valentín? ¿qué planes tenés para este 14 de Febrero?

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