Isha, la mujer trans que recibió su DNI rectificado en la Casa Rosada

Se entregó el documento 9000 modificado de acuerdo a la Ley de Identidad de Género.

 

Hoy puede ser un gran día, reza la famosa canción. Pero no hay margen para las dudas: hoy es un gran día. Para ella y para muchas personas que pueden encontrar en su historia un espejo en el que reflejarse. Es un momento de “reivindicación”, como lo define la propia protagonista, y de felicidad por poder “ser”, libre y legalmente. Se trata de Isha Escribano, quien cerca del mediodía recibió el DNI rectificado número 9.000, de acuerdo a su identidad autopercibida (lo estableció la Ley de Identidad de Género, sancionada en 2012).

El acto se llevó a cabo en el salón Pueblos Originarios de la Casa Rosada, con la presencia del presidente Alberto Fernández, del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, y de la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. Sin embargo, más allá de la estadística y de las formalidades del evento, emerge una vida repleta de facetas, experiencias y luchas.

Médica, psicoterapeuta, cantante, periodista, escritora, instructora de yoga y ambientalista, en enero de 2019 decidió “aceptarse y amarse” como es y comenzar su proceso de transición, afrontando la mirada de ese entorno de tantas ocupaciones con mucha exposición. En diálogo con Isha cuenta sus batallas contra la vergüenza y la culpa, la gente que no la entiende, la que la apoya, la falta de una educación más inclusiva, sus logros profesionales y cómo terminó cenando con la viuda de George Harrison.

La reivindicación y las imposiciones sociales. “Siento que la vida me está validando y reivindicando de la manera más grandilocuente, pero no desde lo egoico, sino desde el amor. Y lo digo por fuera de partidos y banderas políticas. Que esté el Presidente, dos Ministros y un montón de gente de prensa es realmente una validación como ciudadana, como ser humano que puede existir siendo quien es en forma legal, con sus documentos”, arranca Isha, en relación al acto.

“Esto trasciende mi felicidad, mi historia y mi persona. Atrás viene otra gente a la que le estamos dejando un lugar en el que, pido al cielo, nadie tenga que atravesar lo que atravesé yo. Me pone feliz porque mi país está reivindicando una condición que es natural, no es una enfermedad, y le está dando un lugar en la sociedad. Es decir ‘vos tenés tanto derecho a existir como cualquiera’. Eso es inmenso”, continúa.

Su alegría es directamente proporcional a una historia cargada de lucha. Pero Isha siempre mira hacia adelante y por eso reflexiona sobre todo lo que aún falta concientizar: “Hay que seguir peleando por la inclusión y la diversidad en todo sentido, en darles más lugar a las mujeres transgénero, hombres transgénero y a la gente que se considera no binaria en lo laboral, desde las leyes y de la política. Se necesita mucha educación. Hay gente que no tiene ni idea de qué se trata todo esto y cree que es un capricho, que ‘ahora se le ocurrió ser’ o ‘ahora se le ocurrió vestirse de’”.

“Hay muchas verdades por coerción. A todos se nos dijo que si tenés pene sos un varón y tu género es masculino. No es así: el sexo es biológico y el género tiene que ver con cómo la persona se percibe. Hay que entender que tenemos derecho a existir siendo como somos. Todos somos un alma. No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Y mi alma se quiere expresar de esta manera», considera sobre las imposiciones sociales.

Y profundiza: “Hay que entender que estamos en una sociedad hétero-patriarcal. Lo peor que le puede pasar a un padre todavía es tener un hijo puto. Imaginate un hijo o una hija trans. Pero esa persona es normal y lo que vale acá no es la identidad de género o sexual, sino lo que contribuye esa persona con la sociedad. A mí me sorprende que la gente se sorprenda porque soy transgénero y que mi mera existencia genere una provocación”.

Muchas vidas en una. Mucho antes de la invitación para asistir a la Casa Rosada y de su labor como activista trans, Isha fue hilvanando una serie de oficios y profesiones que, como si hubiera vivido varias vidas en una, fue derivando en una historia de película. Y a la vez bien real.

“Todo fue sucediendo. Obviamente que uno hace mucho, pero siento que en cada uno de esos momentos no tenía otra opción. A los 18 años te preguntan qué querés hacer de tu vida y no tenés ni idea. Yo entré en Medicina y, sacando conjeturas, inconscientemente tal vez quería ser aceptada y valorada en el contexto en el que me crié. Después sentí que tenía una sensibilidad especial para sanar los dolores del alma y entonces me di cuenta de que sólo me querían transformar en una máquina expendedora de medicamentos. Creo que el espíritu humano es mucho más poderoso que cualquier droga, entonces dejé y empecé a ganarme la vida como periodista”, confía sobre su primer volantazo profesional, aunque dentro de esa rama siguió dedicándose a la psicoterapia y a la medicina ayurveda.

Como una señal del destino, su nuevo oficio le regaló otra arista para su vida. “Arranqué escribiendo sobre salud y cuando me quise dar cuenta estaba entrevistando a Mario Vargas Llosa, Ted Turner, César Pelli, Deepak Chopra… En ese camino, en 2001 entrevisté a Sri Sri Ravi Shankar. A partir de ahí, tomé un curso de meditación, me hice vegana y dejé de tomar alcohol. Hace 20 años que hago meditación, yoga y respiro. Me aferré a eso para salvar mi mente”, dice quien terminó fundando El Arte de Vivir en Argentina y publicando más de 400 artículos de opinión, crónicas de viajes y ensayos para reconocidos medios del país y del mundo.

Como una señal del destino, su nuevo oficio le regaló otra arista para su vida. “Arranqué escribiendo sobre salud y cuando me quise dar cuenta estaba entrevistando a Mario Vargas Llosa, Ted Turner, César Pelli, Deepak Chopra… En ese camino, en 2001 entrevisté a Sri Sri Ravi Shankar. A partir de ahí, tomé un curso de meditación, me hice vegana y dejé de tomar alcohol. Hace 20 años que hago meditación, yoga y respiro. Me aferré a eso para salvar mi mente”, dice quien terminó fundando El Arte de Vivir en Argentina y publicando más de 400 artículos de opinión, crónicas de viajes y ensayos para reconocidos medios del país y del mundo.

La decisión. Finalmente, el 3 de enero del año pasado comenzó su transición. “Venía de 15 o 20 años de exposición, en cuanto a conciertos y talleres. Todo el tiempo frente a gente… Pero no hay nada que aceptar, soy así y no estoy haciéndole daño a nadie. A mucha gente le ha costado muchísimo, desde usar los pronombres o llamarme por mi nuevo nombre, hasta gente que no me quiso ver más. Hay personas que no tienen herramientas, porque le rompés literalmente la cabeza. Y también hay gente que ha sido súper amorosa, que me ha cuidado y me ha acompañado”, sostiene, a la vez que manifiesta su agradecimiento “por todas las mujeres transgénero que abrieron el camino” para que hoy exista una Ley de Identidad de Género y el tema esté “en boga en la sociedad”.

“Un hombre que vino a pintar a mi casa y que me conocía de antes no sabía nada. Cuando le conté me dijo ‘yo no entiendo mucho, soy del monte, de Santiago del Estero, pero te quiero como sos’ y para él fui Isha sin problemas”, ilustra, con el deseo de que la postura de ese pintor se multiplique.

Es que a veces, la apertura mental y el crecimiento intelectual no van de la mano con la formación académica. “Hay una frase que dice ‘de chica tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela’. Hay que educar e informar. La expectativa de vida de la mujer transgénero en América Latina es de 35 años, contra 70-75 de la mujer cis (su identidad de género coincide con su fenotipo sexual). Es una locura”, insiste.

A los 50, Isha mira hacia atrás con orgullo y hacia el futuro con esperanza. No obstante, hoy el tiempo pareciera detenerse. Toca celebrar su día de reivindicación e incluso esta nueva posibilidad de contar su vida a través de un libro. Nada hubiera sido posible sin su lucha y la de tantas otras personas alrededor del planeta que “viven su género de una manera distinta a la que le asignaron al nacer”. Tal vez, algún día ya nadie se preocupe por definir si “sos tal o cual cosa” y se entienda definitivamente. Que “todos somos un alma”. Y que los derechos son los mismos. Para todes.

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