El sexo al aire libre amenaza a un parque que es Patrimonio de la Humanidad

"El trajín de gente y actividades sexuales es continuo", se quejó el geólogo y geógrafo Francesc Xavier Roig.

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Una paradisíaca playa de Ibiza que se encuentra dentro del Parque Natural de Ses Salines, declarado Patrimonio de la Humanidad, se encuentra en grave peligro, según exponen geólogos y estudiosos de la región por una extraña razón: es el destino preferido por la comunidad LGTBI para la práctica de cruising, o sexo en lugares públicos con desconocidos.

Hace lustros que estos paseos preocupan a geólogos, ecologistas y responsables del Parque Natural. En un reportaje publicado en Diario de Ibiza, biólogo y ecologista del parque, Joan Carles Parlem, señaló que se están desmontando las dunas.

En concreto, el especialista señaló que se están arrancando las plantas y raíces “que forman su frágil esqueleto, y las protegen del viento, como la silene cambessedesii, que da una flor del tamaño de una moneda de 20 céntimos, y que parece un molino de viento rosa de cinco aspas. Tras desaparecer de la península por culpa del boom inmobiliario, ya solo sobrevive en Ibiza y Formentera”.

“El trajín de gente y actividades sexuales es continuo”, se quejó el geólogo y geógrafo Francesc Xavier Roig. Además explicó que “se abren nuevos caminos al pisotear las plantas y se rompe su estructura defensiva. Es por esto que la arena va desapareciendo”.

De momento, todos los intentos por evitar el trasiego han sido infructuosos. Hubo un tiempo en el que se colocó una pequeña valla que desapareció, y también algunas señales. A veces por vandalismo y otras por falta de conservación. Vicenç Forteza, técnico del Parque Natural, dijo: “Hace algunos años hicimos campañas para informar a quienes transitaban por allí, pero provocaba conflictos. Los informadores se encontraban con gente violenta, agresiva. A veces les decían: ‘déjanos acabar’. Lo puedes hacer un día, pero al siguiente vuelven. Y no es lo mismo informar a alguien que está solo tomando el sol o buscando espárragos o paseando a su perro, que a una pareja o a varios que están practicando sexo”.

Desde los senderos, oficiales y clandestinos, se escucha la música del dj del Chiringay, local icónico del turismo LGTBI. A su entrada ondea la bandera arcoiris, visible desde todos los puntos de la playa. Toda la clientela son hombres y están en pareja. Toman cócteles o jugos de colores mientras el staff empieza a preparar las mesas para las cenas entre estatuas de desnudos masculinos, musculados, bronceados y dotados como vasos de tubo.

Decenas de webs turísticas promocionan entre el turismo LGTBI el cruising en las dunas, comer bullit de peix o bucear en la plataforma Mariana. El LGTBI es ahora mismo el turismo más preciado del mercado. En 2018 tuvo un impacto en el PIB español de más de 6.100 millones. En Baleares ya ronda cerca del millón de turistas y el 10% del total, quizá un porcentaje mayor en Ibiza, al considerarse una de sus mecas.

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