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Jacqueline Muriado tiene 32 años y hoy se convertirá en la primera mujer trans que se realice una operación de readecuación de género en un hospital provincial. Esto, un hito para Córdoba, es resultado de un proceso de dos años que comenzó con el pedido a Apross de que cubriera una intervención previa de mamas, y siguió el año pasado con el pedido de pasar por esta fase final. Se logró gracias a la acción mancomunada de los ministerios de Justicia y de Salud.

La operación que se realizará es compleja y estará a cargo de un equipo encabezado por Lucas Lesta, quien ya ha realizado procedimientos similares y es médico cirujano egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, con especialidad en cirugía plástica y reconstructiva y en microcirugía reconstructiva con formación en México y en Taiwán. Lesta se incorporó este año al programa de reasignación de género del hospital Florencio Díaz, que funciona desde 2017 y que hasta ahora realizó cirugías de mamas y, hace unas semanas, una faloplastia, es decir, una operación de adaptación de cuerpo de una persona que nació con genitales femeninos, pero tiene identidad de género masculina.

La operación que se le practicará a Jacqueline dura en promedio seis horas. No implica la extirpación completa del pene, sino la utilización de algunos de sus componentes que se convierten, así, en sus homólogos femeninos. Por caso, el área que genera la sensación erógena, que en el varón está en el glande, se convierte en parte del clítoris, al tiempo que la uretra y el prepucio pasan a formar parte de la vagina. La intervención sí implica la extirpación total de los testículos y de los cuerpos cavernosos que son los asociados a la función eréctil del pene.

Además de la preparación de la paciente, el proceso previo en el hospital incluyó la capacitación del equipo, desde una perspectiva de derechos y de diversidad de género. Por caso, se modificaron algunas concepciones, como la de protocolos que establecían como requisito previo el acompañamiento terapéutico. De todas formas, los profesionales de la salud siguen recomendando a los pacientes que quieran someterse a una práctica de readecuación de género que pasen por distintas etapas antes de ingresar a la que implique más dolor físico, o sea menos reversible.

El equipo médico, tanto para la operación como para el seguimiento, es interdisciplinario.

“La salud de la población trans debe ser abordada desde una visión integral y desde un paradigma respetuoso. La persona es trans desde el momento en que lo expresa, independientemente de los cambios en su cuerpo”, explicó Alejandro Escudero Salama, subdirector de Derechos Humanos, Minorías y Lucha contra la Discriminación del Ministerio de Justicia.

“Siempre planteé la necesidad de adecuar mi cuerpo a lo que sentía”, contó Muriado, quien hasta ayer concurrió a su trabajo, en la intendencia de la Legislatura, pese a que, señaló, tenía ansiedad por pasar por la intervención, que está programada desde mediados de agosto y tendrá un posoperatorio de entre un mes y medio y dos meses.

“Venimos trabajando desde hace mucho tiempo con la comunidad trans. Tratamos de dar cumplimiento a la ley 26.743 de identidad de género, que es explícita en que la salud pública debe dar oportunidad y alternativa de adecuar el sexo al género autopercibido”, manifestó por su parte el secretario de Servicios Asistenciales de la cartera de Salud, Diego Cardozo. “Fuimos progresivamente. Es muy relevante que la salud pública puede brindar el acceso a estas intervenciones”, añadió.

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