Sheila, la primera trans con empleo privado y formal en Río Cuarto

Es el sector más excluido del trabajo formal. Piden cupos públicos, capacitación y créditos.

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A casi seis años de la Ley de Identidad de Género en Argentina (26.743), que permite que las personas trans (travestis, transexuales y transgéneros) tengan documento con el género autopercibido, su derecho a la salud integral y, fundamentalmente, el acceso al empleo formal siguen siendo asignaturas pendientes.

Sheila Bravo es la primera y única trans que logró un “trabajo en blanco” en el sector privado en Río Cuarto. Fue a partir de un convenio entre el Ministerio de Trabajo de la Nación, la Mesa de la Diversidad y una red nacional de empresas comprometidas.

La comunidad trans es el sector más excluido del sistema laboral, por eso puja por cupos en el ámbito estatal. En diversas ciudades cordobesas ha habido incorporaciones en el sector público, en general a modo de becas de trabajo o contratos. En Río Cuarto hay sólo dos empleadas trans en el área de Derechos Humanos del municipio y una en el Centro Cívico provincial.

“Siempre había dejado currículum por todos lados, pero jamás me habían llamado. El año pasado, cuando surge la posibilidad de entrar en Rapipago, tuve la entrevista de trabajo y no lo podía creer. Estaba muy nerviosa, ansiosa. Cuando me llamaron para avisarme que quedé, casi me descompongo de la alegría, porque era algo inalcanzable. Lloré un montón”, confía Sheila, de 25 años.

Para la joven trans fue “inolvidable” la capacitación de tres días que la empresa le brindó. “Fue después de los estudios médicos laborales. En la capacitación fui tan integrada como nunca me había pasado. En todo momento me sentí respetada, incluida, con compañeros que me hicieron sentir cómoda; no lo podía creer”, reveló.

Inclusión y prejuicios. Ya hace seis meses que Sheila se pone el uniforme de la empresa de cobranzas. Sólo trabaja por ahora 15 días al mes, en las fechas con más vencimientos, pero ella dice estar feliz por tener un empleo registrado.

Cuenta que hubo un momento en que una clienta le dijo “señor”. Pero la broma de un compañero hizo que todos lo tomaran con humor: “Sheila, dejá de confundir a la gente”, le dijo.

“En realidad, todos los empleados por ahí recibimos algunas agresiones porque la gente anda nerviosa, preocupada, yo no lo tomo mal. No estoy pendiente de si me discriminan, me pongo a trabajar y me siento una empleada más”, agrega.

En Río Cuarto, la Mesa de la Diversidad presentó hace un año un proyecto de ordenanza en el que pide un cupo laboral, en la planta de personal municipal. Esta semana insistieron con ese reclamo, para que se cumpla un convenio firmado el año anterior.

La Mesa de la Diversidad, de la que Sheila es vicepresidenta, acaba de lograr personería jurídica. El 18 de mayo abrirá una Casa LGBT en Río Cuarto, la primera en la Provincia. Funcionará como centro cultural en Lamadrid 1038. Se llama Ckatacuna, que significa “abrigo”.

El salto. De las 45 personas que forman la comunidad trans en Río Cuarto, el 90 por ciento se dedica al trabajo sexual, informal. “Existe una gran hipocresía en la sociedad. Siempre se habla de que podrían elegir otro empleo, pero ¿quien está dispuesto a contratar a una persona trans?. ¿La tomarían los lectores de esta nota para secretaria, o como niñera de sus hijos?”, interpeló Walter Torres, presidente de la Mesa de la Diversidad.

Torres sostuvo que el Estado debe dar el ejemplo. “Una persona trans que ha pasado 15 años en la calle, en situación muy precaria, deja su vida en eso. Por eso la expectativa de vida es de 40 o 45 años. Hacen falta políticas públicas, no sólo capacitación, sino créditos y apoyo a la formación de cooperativas”, insistió.

Expresiones discriminatorias de un referente empresarial. El año pasado causaron un fuerte repudio las declaraciones del expresidente del Centro Empresarial local, Armando Becerra, quien dijo que no contrataría a una persona lesbiana para un negocio de ropa femenina porque “sería incómodo”. Cuando le preguntaron si estaría de acuerdo con crear un cupo obligatorio para emplear a personas del colectivo LGBT, Becerra respondió: “No, por la sencilla razón de que si hay un cupo para esta situación, ¿por qué no lo debiera haber, por ejemplo, para un rubio, un blanco, alguien que no fuera blanco, un alto o un bajo?”. La Mesa de la Diversidad avanza en un acuerdo para capacitación con el Centro Empresarial.

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