Por qué en la era de la comunicación nos sentimos más solos

Mostrar la vida online en las redes es para muchos clave para su bienestar.

ellos online

 

Se vive en un mundo en el que los conceptos tradicionales de tiempo y espacio se han alterado, tanto como lo público y lo privado, lo local o internacional. El espacio deja de tener fronteras delimitadas y seguras, con identidades culturales semejantes, casi homogéneas para desdibujarse en sus bordes y olvidar la geografía.

Se habitan realidades con registros espaciales y temporales simultáneos. Amigos en hemisferios lejanos con vínculos tecnológicos y cotidianos. Un espacio que intenta aferrarse a lo real aunque, como las conversaciones, se vuelca a lo virtual.

Para una gran parte de la sociedad la vivencia es hoy, donde lo pasado, literalmente, pasó. Un nuevo mundo que parece estar habitado por un “tipo humano diferente”, un humano conectado a otros humanos tan virtuales y tan humanos como él. Personas con una vida virtual casi perfecta, con una vida real con problemas, sueños, aciertos y desaciertos, compañía y soledad, bullicio y silencio.

Algunos de ellos, suelen repetir, “tengo miles de amigos y me siento solo”, esta ambivalencia de sentimientos que se vivencia en tiempos de Internet.

Las redes sociales parecen crear relaciones que quiebran la soledad. Un “como sí” estuvieran acompañados. Un “cómo sí” ya que la sensación interna de desasosiego no desaparece.

Mostrar la vida en el online por medio de una red social es para muchas personas, especialmente los jóvenes, un eslabón indispensable para el bienestar ya que los hace sentirse especiales, admirados, elegidos… La virtualidad de las relaciones impulsa la necesidad de ser profundamente mirado y aceptado en cada “acción, foto, mensaje”, posteo que se hace. Una aceptación tan sutil como lo es un “me gusta”. Y en este vaivén de continuidad de likes, emojis y comentarios, se atraviesan vivencias que confunden. Se terminan relaciones reales que no pueden detenerse en el mundo virtual.

“No lo veo más, no me importa….Sacó mi foto de sus redes…Subió una con otra chica…No puedo soportar ver lo que hace… Ya no le importo…”. “Subí una imagen divina y ¿sólo dos me gusta…? “Cambié la foto de mi perfil y nadie la likea, ¿soy un perdedor?”. Estos son hechos u actos que se perciben como soledad, abandono, desesperanza.

En el relato del día a día, la soledad y la tristeza de no ser “apreciado” en una red social parece ser vivencia de abandono y estimula emociones encontradas. Un imbricadointercambio constante entre el mundo real y online en el que se manifiestan, en muchoscasos, sentimientos ambivalentes y de soledad.

Existen vastos estudios que relacionan internet y la soledad. El primero, en los albores deInternet, fue el de Kraut y su equipo en 1998 que selecciona a 169 personas (de 73 familias) durante sus dos primeros años de conexión a internet y concluye que, aunque el uso de la red era fundamentalmente comunicativo existía una disminución en la comunicación familiar, empequeñecimiento de los círculos sociales y un incremento de la depresión y soledad. Demasiadas herramientas para la comunicación parecerían contribuir a crear una fantasía de mayor comunicación cuyo efecto real es exactamente el opuesto, el estar cada vez menos comunicados y más angustiados.

¿La vida online sinónimo de inestabilidad emocional?. Hoy sabemos que no se debe generalizar, cada internauta es único en sus vínculos y comportamientos aunque se puede observar en los jóvenes algunas repeticiones emocionales en relación a la disminución de las interrelaciones en las redes sociales. Es allí donde se pone de manifiesto, en algunos casos, la estabilidad emocional de cada uno, que suele asociarse a problemas de regulación -más o menos estable-y que, cuando se transforma en inestabilidad emocional, si bien puede no dificultar el formar relaciones sociales en sí, imposibilita mantenerlas.

Estar alerta; prestar atención; reconocer la cantidad de tiempo que se pasa frente a una pantalla son buenos indicadores para que el estar online sea una oportunidad de desarrollar nuevas habilidades, vínculos y no un constante desvalorizarse, deprimirse, aislarse y vivenciar un estado de inestabilidad emocional.

Sandra Di Lucca, licenciada en Psicología (MN 65.511).

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