Sexo Gay En La Ciudad: Pensamientos Salvajes

Nos fuimos desnudando el uno al otro entre besos y mordidas. ..... Hicimos todo lo que habíamos dicho que íbamos a hacer en los mensajes y mucho más

 

‘Cuando estoy con vos todo lo que tengo son pensamientos salvajes, ven a verme en el medio de la noche y te muestro sobre el amor’ – Hobbie Stuart

¿Te gusta que te muerdan? -me preguntó- Le contesté que sí y le encantó. Me preguntó en dónde específicamente, le contesté  y le gustó aún más. Así eran los mensajes que nos mandábamos con Batman, el chico con el que había coincidido en Tinder, en Scruff y en otras apps de citas. Por conflictos con nuestras agendas no pudimos encontrarnos en Córdoba, pero justo me surgió un viaje a Buenos Aires y habíamos arreglado vernos ahí.

Durante el viaje nos mensajeamos sobre el encuentro, lo que íbamos a hacer y hasta sobre posiciones sexuales que íbamos a hacer. La charla se ponía cada vez más hot y también recibí algunas fotos de él, que por cierto estaban bastante buenas (en todo sentido). Mientras mi parte animal quería saltar adentro de las fotos, mi parte racional no quería generar tanta expectativa, para que después no se desinflen. Pero había un tema que estábamos evitando: en su perfil decía que tenía una relación abierta y todavía no lo había mencionado.

No me preocupaba tanto el tema de la relación abierta en sí, sino más bien las reglas técnicas. Es decir, esto de las relaciones abiertas está de moda hace mucho, no es algo nuevo. No es que no haya estado con gente en relaciones abiertas (a veces sin saberlo); más bien me preocupaban cosas  como si íbamos a tener sexo en el departamento de los dos,  hasta si lo iba a poder besar en la boca. No sé, cada pareja tiene sus reglas en esto de las relaciones abiertas. No sabía si iba a ser algo por única vez o si podíamos vernos todas las veces que quisiéramos. Esas cosas. Pero bueno, cuando sos ‘el otro’, lo mejor es relajarse y dejarse llevar por el instinto.

Para relajarme entré al MALBA un rato a ver una muestra. No sé si les pasa, pero hay días que no me siento para nada sexy, pero también hay otros en que si y, de repente, todo me parece sexy. Todo a mi alrededor me calienta. Este era uno de esos días. El brazo del guardia del MALBA que me abrió la puerta, los labios de la chica que me vendió la entrada, la arquitectura del lugar y hasta la muestra que era bastante minimalista me parecía sensual, tenía ganas de palparla. Me vibra el celular, era un mensaje de Batman pasándome los datos de su departamento donde nos íbamos a encontrar. Me mandó unas ‘nudes’ desde el baño de su oficina, en broma, porque le había dicho que me daban gracia esas cosas. De todas formas me calentó. Me dijo que no veía la hora de verme, que me alimentara bien porque iba a necesitar energía a la noche. Eso también me calentó. Volví al hotel rápidamente porque estaba un poco lejos. En el camino recibí un mensaje de un amigo de Buenos Aires para salir el finde, quería que vayamos a ver la banda. Le dije obviamente que sí.

Mientras el taxista hacía un monólogo sobre algo que no me interesaba para nada, me distraía pensando en lo que iba a ser esa noche. Pensamientos salvajes se me cruzaban por la mente. Pensaba si masturbarme para ir más relajado o si autocontrolarme. La gente que nos cruzábamos en los semáforos tampoco ayudaba. Mucha gente haciendo ejercicio, transpirados y con shorts bastante cortos. Con mandíbulas, barbas y labios que podía morder por horas,  en mi mente abría la puerta, me abalanzaba a ellos y les decía de todo al oído. Mi mente debe haber estado enviando energía sexual en voz alta porque uno de ellos se dio vuelta y me sonrió. Toda la calentura se bajó cuando el taxista me dijo el precio del viaje.

Esa noche, mientras esperaba la batiseñal, mi papá me mensajeó diciéndome que su turno para hacerse los estudios al otro día, era a la tarde. Recordemos que ese era el objetivo de este viaje: acompañarlo. Eso me tenía algo tenso y nervioso, por lo que esta noche con Batman me iba a servir para despejarme también.

Esos últimos minutos de espera antes de encontrarte con un desconocido, se te empiezan a cruzar todo tipo de pensamiento por la cabeza. Pensamientos como: ¿será peligroso?¿cuál va a ser mi estrategia si la situación se torna oscura?¿a quién puedo llamar?¿a quién le aviso dónde voy a estar? y todo eso. Acá era donde volvía a entrar en juego el instinto, y claro la experiencia también. Por lo que sabía de él, sentía que iba a estar todo bien.

Toqué el timbre en la baticueva, me atendió y el portero, que era bastante parecido a Alfred por cierto, me abrió la puerta y me llevó hasta el ascensor. Me sonrío como si supiese algo de lo que estaba por suceder. Me vi por última vez al espejo, la puerta se abrió y me estaba esperando ahí, me asusté un poco. El se sonrió. Me abrazó como si me conociera de toda la vida, creía que iba a ser más frío, pero no. Me acarició la espalda en el saludo y después me tomó de la mano hacia su departamento. El pasillo era largo y la luz se apagó automáticamente. Se frenó y me hizo frenar contra la pared. -Hola , me susurró, inclinó su cabeza y me preguntó: -¿Puedo?. Le dije que sí y comenzamos a besarnos en la oscuridad. El beso se estaba poniendo demasiado salvaje, y me encantaba. Sentimos el ascensor en movimiento y nuestra excitación se estaba acelerando ahí abajo entre nuestras piernas. Lo sujeté de las costillas firmemente y le dije que entráramos a su departamento. -Está bien– se soltó- Me calmo, no te quiero gastar– sonrió y abrió la puerta.

¿Querés tomar algo?- me preguntó, después de esos besos quedamos con mucha sed. –¿Que vas a tomar vos?– le pregunté- me levantó una botella de Campari – Dale – le dije. Mientras preparaba el trago, exploré su departamento, un departamento digno de diseñador gráfico: las repisas, sus libros, su música, todo bien acomodado. Llegué hasta su balcón, tenía una vista muy linda y despejada, lo que es bastante difícil de encontrar en los departamentos de Buenos Aires. Rápidamente me di cuenta que dos personas vivían ahí, pero no dije nada. Trajo los tragos al balcón, brindamos y nos miramos. ¿Les comenté que tenía ojos azules superpenetrantes?.  El balcón no era tan grande, por lo que estábamos demasiado cerca. Conversábamos de algo que no recuerdo y me tocó el brazo. –Estás helado-me afirmó, le contesté que siempre tenía las manos frías. El por el contrario parecía una estufa. Me frotó un poco para darme calor y me invitó a entrar.

En el sillón conversamos un poco más, me preguntó sobre mi papá y yo sobre su familia también. Me contó que su madre falleció cuando era chico y su padre lo crió pero no volvió a formar pareja. Inmediatamente cambió de tema y me dijo que nunca había estado con un cordobés. Le expliqué que en realidad era santiagueño, aunque como era adoptado, en realidad podía ser de cualquier lado, ‘como Superman’ me dice (un chiste interno que teníamos). Me preguntó sobre estas columnas y si iba a escribir sobre él. Le dije que probablemente. Entre los silencios se sentía como el deseo se nos salía por los ojos. Dejamos los vasos en una mesa ratona y comenzó a acariciarme. -¿Estás bien?-me preguntó. –Muy bien -le contesté. Y ahí no aguantamos más y comenzamos a besarnos como animales. El sabor a naranja hizo todo más placentero. No podíamos parar. Bruscamente nos tiramos al sillón, me preguntó si podía levantarme la remera y comenzó a comerme a besos las costillas. Cada vez me mordía con más intensidad y me preguntaba si me gustaba y si lo podía hacer más fuerte ¿quién dijo que el consentimiento no puede ser sexy?. Mientras yo asentía iba subiendo de un lado y del otro hasta llegar a morder esa esquina entre el brazo, la axila y el pectoral. De la exaltación el tiró y rompió el vaso con lo poco que quedaba del trago. Tuvimos que parar. Le ayudé a levantar los pedazos a la cocina. Y ahí seguimos besándonos un poco más contra los aparadores, en la mesada, contra la cocina. Me preguntó si quería ir a la habitación y fuimos.

Tenía una cama de dos plazas, bastante grande, por suerte. En ese momento ya me había olvidado totalmente lo de la relación abierta. Nos fuimos desnudando el uno al otro entre besos y mordidas. Y ahí si comenzó Batman vs. Superman. Hicimos todo lo que habíamos dicho que íbamos a hacer en los mensajes y mucho más. Aprovechamos cada centímetro de nuestros cuerpos, no nos quedó ningún espacio sin saborear. De repente frenó y abrió el cajón de la mesita de luz. -Mirá que compré– con cara de emoción sacó preservativos con tachas, recordó que le había dicho que me gustaban. Su cara me dio ternura más que nada ¿quién dijo que el amor y el sexo no van siempre de la mano?. Todo se puso más salvaje y, por momentos, hasta bestial. A veces la piel y la química sexual hacen todo el trabajo. Terminamos exhaustos, felices, hasta dormirnos en los brazos del otro.

A la mañana siguiente nos despertó un celular que sonaba a lo lejos. El había dejado su celular en el sillón o por ahí. Se levantó a atender. Traté de escuchar con quien hablaba y sobre qué. Cuando volvió a la habitación, vio que yo estaba despierto. Se acercó a darme un beso. Le pregunté sonriendo -¿Quién era, tu novio?. Sonrió y se quedó sorprendido por la pregunta. Se quedó sin palabras unos segundos antes de contestarme…

Continuará…

Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Estuviste alguna vez con alguien que esté en una relación abierta?

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