Jessica Ortiz, la primera concejal trans de Salta

 

Jessica Paola Ortiz asumirá como edil el 10 de diciembre. Está orgullosa de haber logrado una banca en el Concejo Deliberante de Chicoana.

“Me votaron como Jessica, no como un fenómeno; será un orgullo trabajar para mi pueblo”, dijo claramente la primera concejal trans electa en las últimas elecciones en la localidad de Chicoana, un pintoresco pueblo tradicional salteño, ubicado a unos 35 kilómetros de Salta capital.

Jessica Paola Ortiz tiene 50 años, representa al Partido Justicialista. La lista de concejales de su fuerza política fue la ganadora en esta jurisdicción gobernada por el Partido Renovador, sector político de raíces conservadoras.

A poco de asumir, la concejala electa cuenta de sus tres décadas de militancia, sus miedos, sus sufrimientos y su liberación emocional cuando pudo acceder al reconocimiento de su identidad a través del cambio de nombre en el DNI, por el beneficio de la ley 26.743 aprobada en el año 2012.

“Cuando recibí mi nuevo documento hace cuatro años atrás, fue una alegría enorme, enterré para siempre a Elio Guillermo y resurgió Jessica, la mujer que siempre quise ser. Desde niña soñé con ese momento. Aunque han pasado los años, tantas heridas provocadas por la discriminación comienzan a cicatrizar. Ahora estoy dispuesta a trabajar por mi gente y, sobre, todo por los desprotegidos”, asegura Jessica.

De pelo largo, muy cuidado, con uñas pintadas de rosa y una blusa con estampado de flores, la mujer recorre la plaza de Chicoana mientras todos los vecinos la saludan afectuosamente. Es querida y respetada. Jessica es sencilla. Recuerda a su madre y piensa en las adolescentes embarazadas que dejan de estudiar. Confiesa ser católica practicante. Después de muchos años, pudo comulgar.

“Mi creencia no me lo permitía. Era una pecadora. Después de muchos años, y sabiendo que por derecho tengo mi identidad definida, el curita del pueblo me dijo que podía comulgar. A pesar de reclamar por el reconocimiento a mi identidad, soy conservadora al extremo”, dice mientras su mirada se acongoja.

“Quiero ayudar a las mamás adolescentes. Dejan de estudiar y no saben qué hacer de su vida. Tenemos muchas en nuestro pueblo. Esa joven mujer no tiene futuro si no se la ayuda. Quiero crear una guardería para mamás adolescentes, de esa manera podrán ir a estudiar mientras sus hijos tengan quien los cuida. Evitamos deserciones y problemas en las familias”.

Y agrega: “Debemos capacitar a nuestras mujeres. No es solo corte y confección, una mujer es mucho más que eso”.

Resalta la enseñanza de su madre y recuerda: “Desde chica sabía mi mamá que yo sentía ser una mujer. A mis 17 años mi mamá me dijo: “hija’ y me abrazó. Fue una emoción muy grande. Cuando murió lo sentí mucho”. Jessica admite que a su familia le costó asimilar el proceso de su cambio, pero a la larga la comprendieron. “En el núcleo familiar está la respuesta de muchas cosas. Si los padres acompañan y aceptan las determinaciones de su hijos, el mensaje es sincero y sin prejuicios”.

La concejal izará por primera vez una bandera. Cuando era estudiante, en varias ocasiones le negaron ese derecho por ser distinta. “No tengo rencores con la gente que ignoró mis derechos como persona. Tengo mi cabeza abierta para cambiar, trabajar y ponerme al servicio de mis vecinos”.

La militancia social. Llegó a la política de la mano de varios militantes, pero Jessica resalta al exintendente de Chicoana Raúl Romano. Critica que su pueblo no ha progresado. Y que los jóvenes no tienen oportunidades.

“Siempre fui justicialista. Fui candidata en el 2015 pero no llegué. Ahora el mensaje fue distinto y la gente acompañó. Nuestra lista ganó en Chicoana. El cabeza de lista, César Rodríguez, por cantidad de votos y mayoría, debe ser el nuevo presidente del Concejo”.

Para Ortiz, a la gestión del actual intendente Esteban Ivetich le falta llegada a la gente y asegura que en lo social, los vecinos están desprotegidos.

Resalta que en el Valle de Lerma numerosos transexuales accedieron a sus nuevas identidades y que a pesar de tener trabajo, en la mayoría de los casos, siguen siendo considerados “raros” solo por su condición de género. “No es un delito ni una enfermedad ser distinto. Somos personas de carne y hueso que sienten y padecen como cualquier otro ser humano”, reflexionó.

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