Sexo Gay En La Ciudad: Verano Del 98 (Parte II)

Tengo un grupo de amigos gays con los que puedo hablar libremente de todo y nos apoyamos mutuamente. Parece que no, pero con solo hablar de lo que te pasa con alguien, muchas veces sirve para alivianar el dolor.

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Continúa de Parte I

‘Quiero que estés vivo, no tienes que morir hoy… ¿Qué es el día sin un poco de noche? Sólo quiero tirarte un poco de luz. Puede ser difícil, puede ser muy difícil, pero tienes que vivir ahora. Tienes todo para dar ahora’. – Logic

La luz todavía no volvía, el celular se había quedado sin batería hace horas. Volaba en fiebre recordando ese día en la secundaria durante el Verano del 98, en que todo cambió…

Nos habían descubierto con Facundo en el baño de la escuela juntos. El chico que nos había descubierto era un compañero de Facundo. Al principio se río de nosotros, nos dijo putos o maricones o algo así. No recuerdo porque todo se puso borroso esos segundos. Facundo inmediatamente se le tiró encima y lo amenazó para que no dijera nada. Yo traté de calmarlo, pero era imposible. Traté de separarlos. ‘Te rompo la cara si dices algo’ gritó Facundo, la gente que entraba al baño no entendía nada. Nos fuimos de ahí preocupados. Facundo se fue corriendo y me miró por última vez alterado y triste. No volvió a hablarme por mucho tiempo.

DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Los siguientes meses se pusieron oscuros. Yo tenía la paranoia de que este chico que nos había visto con Facundo dijera algo y lo contara a los demás. Traté de suprimir todos los impulsos homosexuales de ahí en más, por miedo. Me hice aún más para adentro de lo que ya era. Los rugbiers seguían molestando al chico gay de la escuela y no quería ser su próximo blanco. Mis intentos no alcanzaron, este chico que nos había visto en el baño, comenzó a pedirme plata para no contar mi secreto. Sabía el curso al que iba, a donde vivía y amenazaba con contarle a mis padres. Cada vez me pedía más plata y cada vez más seguido. Durante esos meses no podía almorzar en la escuela, toda la plata iba para él. A veces, tenía que volver caminado a mi casa, para darle esa plata también.

Traté de pedirle ayuda a Facundo, pero no me llevaba el apunte. Además, el tenía novia. No tenía mi problema. Durante todo ese tiempo, mis calificaciones bajaron, no podía concentrarme en estudiar. No le veía el sentido a nada. Lo peor, era no poder compartirlo con nadie. No poder hablar con nadie. Sentía que con los años, todo iba a ser peor, que nada iba a mejorar. No tenía ganas de vivir.

El colectivo que me llevaba a la escuela seguía su recorrido hasta el parque, que quedaba a pocas cuadras de ahí. Muchas veces no podía enfrentar la escuela y me iba solo al parque a llorar. Me sentaba cerca del río, en un lugar escondido y pensaba en formas de suicidarme, de terminar con todo. No quería sentirme más así, no quería ser yo. No me pregunten de donde saqué las fuerzas para aguantar. Creo que me aferré a lo único bueno que tenía en mi vida: mi familia. Aunque mis padres nunca supieron de esto hasta que fui mas grande, sentía que no podía causarles semejante daño. Creo que eso me salvó. Me hice fuerte y un día con toda esta bronca e impotencia acumulada, enfrenté al chico que me amenazaba. Le mostré que tenía mucha más fuerza que él y le dije que no le iba a dar un centavo más. Que dijera lo que quisiera, nadie le iba a creer. Y así fue. Intentó contarle a algunas personas y no le creyeron y nunca más volvió a molestarme.

NUEVE MESES DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Llegué a ese fin de año con excelentes notas. En la novela Verano del 98 (que siguió por un año más) , había un personaje gay: Tadeo. Más allá de que todavía ser gay estaba representado como algo oscuro en la novela, al menos, había un personaje homosexual, quizás de los primeros y más recordados de la TV Argentina. Tadeo tenía un amor imposible, un amigo hetero. Yo estaba pasando por lo mismo. Después de un viaje con la escuela al sur, había conocido a un chico de otro curso, nos hicimos muy amigos. Le voy a decir Hernán (aunque no se llamaba así). Hernán tenía uno de esos cuerpos marcados, perfectos, muy como los que se usan ahora, sólo que nunca había hecho nada de gimnasio, ni siquiera hacía deporte, era buena genética. En esa época a nadie le interesaba. De hecho pasaba bastante desapercibido por las chicas. El tampoco era consciente de eso, lo que hacía aún más sexy. Una vez lo vi sin remera. Todavía recuerdo esa sensación que me subía por el cuerpo. Pero no solo era lindo por fuera, era lindo por dentro. Al igual que yo, era bastante maduro para su edad, no le gustaba hacer lo que a los demás, le gustaba juntarse a conversar. Hablar de la secundaria, de las relaciones, de la vida en general. De hecho me llamaba muy seguido a mi casa y estábamos horas hablando. Algo que era bastante raro para todos los demás.

Los fines de semana me invitaba a almorzar con su familia, una de esas familias grandes y numerosas. Nos hicimos muy amigos de verdad. Le caía bien a su familia y él a la mía. Nunca intenté nada con él, siempre lo observaba y admiraba, pero con la mente. Hasta que un día, me invitó al cine, no recuerdo que película vimos. Después del cine, comimos algo en el shopping y en un momento que nos estábamos riendo de algo, de repente se hizo un silencio. El me miró algo raro y todo se puso incómodo. Hasta este día, no entiendo que pasó. Pero desde ese momento algo cambió. Mi sospecha es que se dio cuenta de que me gustaba, o que finalmente cayó en cuenta de que nuestra relación no era “normal” para dos chicos de nuestra edad. Esa noche, su padre y toda su familia nos fueron a buscar en el auto porque llovía, en el viaje, los hermanos y hermanas nos preguntaban sobre la película y demás. Tenían la mejor onda, pero Hernán estaba callado.

Desde esa vez, yo traté de reconectar con él, pero comenzó a alejarse, hacer nuevos amigos. Me dolió mucho, cuando unas semanas después no me invitó a su cumpleaños. Ahí entendí que ya habíamos dejado de ser amigos. Eso me dolió bastante.

Todo en mi vida volvió a desmoronarse de nuevo. Comencé a llenar la soledad y la tristeza con comida. Más triste me sentía, más comida comía. De nuevo volvieron esos pensamientos feos.

Una noche, veía la serie Dawson’s Creek con mi mamá, mi papá no había vuelto del trabajo. En el episodio, finalmente, el personaje gay: Jack, salía del closet con su padre. En una escena muy dramática. Yo no podía evitar sentirme identificado, pero me aguantaba las lágrimas lo más que podía. Al terminar el episodio, mi mamá se acercó y me dijo que si alguna vez sentía algo así que se lo contara, que todo iba a estar bien (y si, las madres siempre saben). Aunque en ese momento me hice el superado y se lo negué a muerte, de alguna forma fue un gran alivio. Vi la esperanza de que todo iba a mejorar.

CASI VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Desperté al otro día ya sin fiebre, recordando fragmentos de todo lo que pasé en todos estos años después de esos años tortuosos en la secundaria. Afuera era un día hermoso.

A penas llegué a Córdoba hice terapia donde descargué años de impotencia y traté todos esos feos sentimientos suicidas. Fueron sesiones duras al principio, pero finalmente fue una muy buena decisión. De verdad me sirvió mucho. Bajé 20 kilos de sobrepeso de tristeza. Cinco ex-novios, dos casados, mi backup-plan comprometido para casarse (un chico con el que nos íbamos a casar si hasta los 40 seguíamos solteros, otro día les cuento). Mi familia se enteró de que soy gay gracias a estas columnas y todo estuvo bien, me siguen amando y queriendo como siempre. También gracias a estas columnas me conecté (y sigo contactándome) con gente que se identifica con mis relatos y que pasó por cosas similares. Tengo un grupo de amigos gays con los que puedo hablar libremente de todo y nos apoyamos mutuamente. Parece que no, pero con solo hablar de lo que te pasa con alguien, muchas veces sirve para alivianar el dolor. Es bueno rodearte con gente con la que puedas hacerlo. A penas volvió la luz, recibí sus mensajes de preocupación. Entre ellos un mensaje de Sebastián que me preguntaba como estaba. Había leído que estaba con fiebre en un estado tonto de facebook que ni recordaba haber escrito. ‘Ya me siento mejor’ le contesté. Por suerte lo peor ya pasó, ya volví a ser yo y todo va a estar bien.

[ Si sentís que necesitas ayuda no dudes en pedir ayuda. Podes llamar al 135 (línea gratuita) ó al 0351-4265755  Centro De Asistencia Al Suicida. Córdoba de Lunes a Viernes de 9 a 21 hs.]

Pablo M. Acuña

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