Sexo Gay En La Ciudad: Verano Del 98 (Parte I)

 

‘Mi piel que es celosa, te busca, te llama, te siente, te roza. ¿Dónde quedo el tiempo, del beso sin culpa? ¿y cuándo mis ojos pusieron excusas?. Nos queman las ganas, miramos distinto. Cambiamos nosotros, no somos los mismos’ – Cinthia Nilson (Verano del 98)

La perdida de Sebastián había pegado fuerte en mi cuerpo, tanto así que me enfermé. Una semana de cama. No sé si les pasa, a veces, es ahí cuando te das cuenta de lo solo que estás y lo bueno que sería tener a alguien que vaya a comprarte los remedios y te haga la cena, o que se preocupe por vos. Ahí es cuando más siento la soledad. Sé que tengo mi familia y mis amigos, pero no me gusta molestarlos. Otro defecto mío es no haber aprendido nunca a pedir ayuda. Sentir que puedo con todo solo, odio crearle problemas a los demás. Como si fuera poco, ese domingo se cortó la luz. Aburrido entre mis libros encuentro un álbum de fotos de mi secundaria. Me encantaba sacarle fotos a mis amigos, todavía lo hago. Hasta que vi una foto de él: Facundo,  mi primera experiencia gay, todo lo que pasé y todo lo que soy hoy comenzó ahí. Dicen que, en el fondo, siempre somos quienes éramos en la secundaria, puede ser…

ANTES DEL VERANO DEL 98

Terminaba el primer año de la secundaria y todo estaba bien. Las radios estaban obsesionados con las Spice Girls y nosotros también. Mis notas estaban bastante bien, a pesar del trauma de haberme separado de todos mis amigos de séptimo y tener nuevos compañeros. Sin embargo en los recreos nos seguíamos viendo y teníamos algunas clases juntos como: arte, música y educación física. Facundo (no se llamaba así, pero digamos que si) era uno de mis compañeros en las clases de arte. A veces nos juntábamos a dibujar juntos en casa. Creo que ahí es cuando comencé a conocerlo mejor. El no era muy buen alumno la verdad, y algo que siempre pasaba en mi escuela es  que ponían a los malos alumnos con los buenos, como para reformarlos.  El problema de Facundo era que se desconcentraba fácilmente. Siempre quería estar haciendo otra cosa, andar en bici, comer algo o ver tele. Pero teníamos que terminar trabajos prácticos primero. Mientras dibujábamos fuimos conociéndonos más. Esas siestas de calor en mi casa en Santiago del Estero, parecían eternas. Las charlas se volvían cada vez más profundas, el era muy de hacer bromas. Cuando acabamos todos los temas, siempre llegábamos a la parte sexual de la charla. Un tema que yo no tenía bien resuelto. En realidad, en mi mente, ya sabía que me gustaban los chicos, pero tenía terror de decirlo y que alguien se entere, era algo que aprendí a esconder bastante bien. Como  muchos en esa época. Había algo muy seductor de Facundo, era el chico malo que era un poco desastre en la escuela pero era bueno dibujando y era el que siempre metía esos bocaditos chistosos en medio de la clase.

Era inevitable, que entre el calor, los shorts, el roce de las rodillas debajo del escritorio de mi casa, que no era tan grande y tenerlo frente a frente todo el tiempo, las hormonas de los 13/14 años algo iba a pasar. Todo comenzó inocentemente, algunos toqueteos jugando, algunas charlas subidas de tono, comparaciones y demás. Le gustaba a veces robarme un lápiz o algo para que lo persiga y pelear físicamente, cuerpo a cuerpo. En una de esas peleas nuestros cuerpos comenzaron a reaccionar y él fue el primero que avanzó. Al principio lo tomé como una de sus bromas, pero después todo se puso serio. Su cara cambió y el beso que nos dimos fue de verdad, con lengua y todo. Probamos varias veces. Nos gustaba. Después había un momento en que nos sentíamos mal y dejábamos de hacerlo.

Claro que en la escuela, casi ni nos veíamos, nos ignorábamos. Supongo que ambos teníamos miedo de que alguien sospeche de nosotros. Los meses pasaron y cada vez nuestros trabajos prácticos eran menos de arte y más sexuales. Siempre explorando un poco más de nuestra sexualidad. A veces en mi casa, a veces en la de él.  Hasta que no eran suficientes esas reuniones, necesitábamos más.

Sin celulares para mensajearnos, sin internet para auto-satisfacernos. La imaginación era lo único que teníamos. Todo era manual o nada. Ja. Planeamos entonces algo arriesgado. Encontrarnos en los baños de la escuela. Nuestra escuela era gigante y tenía miles de baños. Durante las horas de clase, había poca gente, sobre todo en ese baño alejado de todo. Entonces cada vez que nos queríamos encontrar, quedábamos a cierta hora, y ambos pedíamos ir al baño. Ambos estábamos en diferentes cursos, así que, nadie nunca iba a sospechar. Mucho menos del abanderado de la escuela, el chico de anteojos, miembro del centro de estudiantes, el mejor amigo del curso, haciendo algo así.

No puedo decir que teníamos sexo en el baño, porque no era así, era todo muy inocente, pero lo que si fue acrecentando fue la química sexual, la adrenalina de que pudieran descubrirnos hacía los besos cada vez más apasionados y si, acabábamos.  Después nos sentíamos algo mal, pero el siempre tenía una sonrisa que me tranquilizaba, es como que trataba de no juzgar la situación, después de todo ¿qué era lo tan oscuro y malo?¿el afecto?¿los besos?¿el cariño que nos teníamos?  Nos despedíamos con un beso largo y un abrazo porque nunca sabíamos cuando nos íbamos a volver a juntar. En el fondo, nos queríamos quedar ahí, en ese cubículo de baño de escuela pública y no volver a la realidad nunca.

DURANTE EL VERANO DEL 98:

Las clases estaban por terminar. Los encuentros con Facundo se hacían cada vez menos frecuentes con los finales y todo el stress. Justo cuando más los necesitamos, menos los teníamos. En las vacaciones de ese verano no nos vimos tantas veces como queríamos. Porque claro, ambos estábamos con nuestros amigos y demás, y era difícil encontrar momentos para nosotros dos solos. Ni siquiera en las fiestas de la escuela, porque a él no le gustaban esas cosas.

La novela ‘Verano del 98’ era un éxito en Telefé. Una obsesión nacional, y todos queríamos vivir en ese verano eterno.  En canal 13, comenzaron a dar la serie ‘Dawson’s Creek’ que era en la que estaba basada ‘Verano del 98’ por no decir que era una copia. Yo veía ambas. Ahí comenzó mi obsesión por las series.  Otra obsesión que tenía era pensar en Facundo. De alguna forma quería que se acaben las vacaciones para volver a estar con él. Lo que no sabía era que él estaba viviendo su propia novela: había conocido a una chica y se había puesto de novio.

Volvimos a clases y lo vi. La chica por supuesto era de su curso. Ese año no teníamos clases juntos. Se pasó de arte a música, para estar con ella, obviamente. A la escuela había llegado un chico nuevo, no recuerdo su nombre, pero había tenido problemas en otras escuelas. Cuando digo problemas, el único que tenía era ser afeminado en los 90’s. Inmediatamente todos lo tomaron de punto, sobre todo el equipo de rugby, que en los recreos lo humillaban, se burlaban de él y hasta le pegaban. Claro, el bullying todavía no existía. En ese época todos miraban para otro lado, hasta los preceptores, nadie quería hacerse cargo o defenderlo, me incluyo. Defenderlo podría levantar sospechas sobre mí, sobre cualquiera. Todavía siento esa impotencia horrible de verlo llorar y no haber hecho nada. Por suerte el chico gay tenía una amiga que lo defendía cuando podía.

Recuerdo una vez de ver como lo sacaban al patío y le bajaban los pantalones, Facundo y yo observábamos desde lejos con preocupación y miedo. Miedo de que alguna vez nos descubran y ser humillados así.

Con todo esto y Facundo con una nueva relación, creía que ya no lo iba a volver a ver, pero no fue así. Un día se acercó y planeamos juntarnos a cierta hora, como antes. Toda la pasión acumulada durante meses la descargamos ahí. Pero claro, ya no era lo mismo, porque al final de cada encuentro, había cierta tristeza en su mirada. Ahora estaba engañando a su novia. Ya no se iba aliviado de cada encuentro, se iba con pesar.

La relación con su novia fue creciendo y la nuestra fue disminuyendo. Sin embargo de vez en cuando, nos juntábamos. Hasta un día en que, al final de un encuentro, nos quedamos charlando y me dijo que ya no podía seguir haciendo esto. Me pidió ayuda para que no venga la próxima vez que él quiera juntarse, aunque insistiera, que no le haga caso. Que la pasaba bien conmigo pero no quería ser así, que estaba mal. Lo entendí, una cosa era tener una doble vida, pero una triple vida era demasiado.

Nos despedimos con un beso y un abrazo y sabía que era el último. Esa vez perdimos la noción del tiempo y sonó el recreo. De repente al baño comenzó a llegar gente y tuvimos que quedarnos ahí encerrados, cuando creíamos que no había nadie, el abrió la puerta y un amigo de él nos vio. Recuerdo que entre risas nos dijo algo así como ‘maricones’ o ‘putos’. Nos quedamos paralizados.

Continuará…

Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: ¿Que experiencias te marcaron en la secundaria?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here