“Relaciones Millennial”, no hay tiempo para el amor

Al parecer en esta época de relaciones millennial nadie quiere nada serio. ¿Por qué será?

ellos online

 

Es la naturaleza la que nos ha predispuesto. Especie tras especie, cada uno de los seres vivos está biológicamente programado para buscar a su pareja y fornicar. Algo dentro de todo ser vivo nos lleva a desear sobrevivir. Ese motor de supervivencia nos insta a procrear. ¿Por qué?, es algo que no logro comprender del todo. Hay una maquinaria en nuestro interior que trata de evitar a toda costa que desaparezcamos o que nos estanquemos como especie.

Todo parece indicar que esto aplica para todo ser vivo. Los virus y las bacterias se desarrollan, mutan y se adaptan para sobrevivir, para no morir. La gripe lleva acompañando a la humanidad desde que se tienen registros. La influenza tampoco quiere extinguirse, tampoco quiere morir.

Hay una necesidad biológica de reproducirnos, de tener crías y educarlas para adaptarse al cambio y seguir la misma línea. ¿Pero y nosotros? Nosotros los gais lo hacemos solo por diversión and it’s fucking amazing. En nosotros no hay procreación, pero entonces, ¿por qué hay deseo? En el caso de los hombres gais vemos a ese macho alto, de musculatura prominente y trasero destacado y lo deseamos. Se aprieta ese gatillo en nuestro interior y queremos estar dentro de él o que él esté dentro de nosotros. Es como una necesidad. Aparearnos es un deseo siempre presente.

Pero no todo es deseo. En algún punto del camino los seres humanos desarrollamos el concepto del amor. Ese concepto abstracto que nos acompaña durante toda la vida. Nadie sabe qué es, nadie sabe cómo medirlo, cómo eliminarlo, cómo crearlo. Simplemente está ahí y nosotros nos encargamos de darle un significado.

Así, conforme fuimos creciendo, nos hicimos a la idea irrefutable de que en algún momento de nuestra existencia encontraremos a ese alguien que nos acompañará por el resto de nuestras vidas. Mr. Right. The One. El amor verdadero.

Pero si es The One, tiene que ser perfecto, ¿no? ¿O en qué momento le fuimos agregando requisitos a nuestro amor ideal?

Tiene que tener una carrera y un trabajo. A nadie nos gusta mantener a nadie. Debe tener auto, porque ¿¡quién no tiene auto!? Es requisito que escuche buena música. O mala música. El punto es que debe al menos compartir mis gustos musicales.

Necesito que tenga sentido del humor y que entienda el sarcasmo porque luego ¿cómo nos vamos a entender? Si yo me la paso diciendo pendejadas y no las entiende me voy a tener que limitar. ¡Peor!, si no tiene buen gusto. Ni de pedo voy a poder andar con alguien que se viste mal o ¡que use Crocs! ¡Crocs con medias! No es posible. Y no es que no quiera, es solo que NO. ¡No puedo!

Pero sobre todas las cosas, tiene que estar lindo. Digo, eso es obvio, ¿no? Tiene que estar más lindo que yo.

Es frecuente este requisito y no solo entre nosotros los gais sino en muchos. Queremos conocer a alguien que sea más lindo que nosotros mismos. Pero ¿se han puesto a pensar quién tendría pareja si todos pidiéramos lo mismo? El lindo más lindo no se fijaría en el ligeramente menos lindo que él. El poquito menos lindo de ninguna manera se interesaría en el 50% lindo que incluso sigue siendo más lindo que yo y que, por cierto, no me calientapor no ser tan apuesto como él. ¡Qué triste realidad!

¿Qué sería de la comunidad gay si nuestras exigencias fueran el común denominador?

Queremos que nuestro amor verdadero tenga gustos similares en música, en películas, en intereses de destinos de viaje, en ropa, en deporte. Deseamos que sea lo más parecido posible a nosotros mismos. ¿Qué dice esto de nosotros? ¿No estamos ya rayando en el narcisismo? ¿Será que la clonación humana terminará por resolver nuestros problemas del corazón?

Pero bueno, no somos tan demandantes. Podemos hacer excepciones selectas:

En caso de que no esté tan lindo, pues me conformo con que cumpla el resto de los requisitos. Igual y le acepto un date o dos a ver cómo nos desenvolvemos.

Pero ahí entra otro problema y es que si no nos llena del todo el ojo, entonces no tenemos tiempo para desarrollar la relación.

Pues me invitó a salir pero me avisa dos días antes. Yo ya tenía planes de ir al cine con mis amigos. O bueno, quizá puedo aceptar la invitación, ¿qué es lo peor que pueda pasar?

¡Ay!, pero que no sea en jueves, please. Tengo zumba con mis amigos los Jueves y el sábado tengo una fiesta, entonces igual y el lunes, ¿no?, porque el domingo es familiar. Es domingo de ir a comer con la abuela o con mamá, quizá una carne asada. Tengo que regresar a casa para alcanzar a ver una película en Netflix, sentirme solo y pensar ¿por qué demonios no encuentro al amor de mi vida?

¿No les suena familiar?

Me habló por Grindr pero solo me dijo «Hola». ¿No puede ser mas original? ¿Cómo que un simple hola?

Me cayó bien. Ya lo agregué a Whatsapp pero la neta es que en ocasiones me da paja. Tipo, sí le contesto a veces pero otras no porque no estoy de humor. ¡Ay! Pues es que no tengo tiempo para todo. Aparte si él tiene interés pues que lo demuestre. Pero que no lo demuestre mucho porque luego ya es un stalker y tipo, nadie quiere andar con un stalker. I mean, get a life!

Si el interesado no es tan lindo como en nuestros ideales entonces no vale la pena. Y no es que no haya tiempo para el amor. Es que no queremos que haya amor si no es exactamente como lo soñamos. Si no es 100% lo que deseamos, mejor que no lo haya.

«¿Para qué? ¡Qué insatisfacción! Yo merezco más. Lo merezco todo». Pero ¿qué tal que todos pensamos igual y todos creemos merecer más?

No hay problema. En realidad no hay que preocuparnos. Al final de cuentas no nos urge el amor. Siempre están las fiestas, los amigos y los encuentros ocasionales. Nadie necesita amor mientras la espera se amortigüe con deseo. Con ese hombre alto que tristemente no quiere nada serio con nosotros porque tampoco le urge el amor. Ese hombre con trasero destacado que podemos tocar cuando lo deseemos y cuya espalda vemos alejarse a mitad de la noche sin saber exactamente cuándo regresará.

Por suerte no nos urge el amor. Gracias a Dios está Netflix para cada domingo de soledad y afortunadamente actualiza su catálogo casi tan frecuentemente como nosotros el nuestro.

Es que no me urge el amor. Me urge amarme sin urgencia.

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