Ojo por ojo

A veces aunque no lo queramos, nuestras relaciones se convierten en una revancha constante

 

Si uno hace algo, el otro lo iguala, de modo que, ambos estén a la par, lo que hace que ambos se hieran y las cosas no crezcan o evolucionen.

Para ser más preciso, pondré un ejemplo: si tu chico tarda en contestar un mensaje dos horas y sabes que ese tiempo estuvo disponible, entonces tomas un tiempo similar para contestar el mensaje de vuelta. De modo que, tratas de devolver la acción, para que la relación se encuentre equilibrada.

Sólo que en estos casos en particular, no se genera equidad, por el contrario, algo que podría considerarse venganza. Y quizá en el ejemplo se crea que no es algo grave, pero las cosas van progresando (por no decir empeorando) hasta que le soportas cosas más fuertes como molestias injustificadas, secretos, mentiras o infidelidades.

El punto aquí es la palabra “soportar”, porque básicamente se reduce a eso, soportar acciones que te dañan y cuya única forma de hacerle ver lo mal que te hace sentir es regresarlo de manera semejante. Cuántos de nosotros no hemos escuchado: me engañó y por eso lo engañé.

Lo que nace como falta de comunicación y comprensión se pueden convertir en una batalla por quién lo hace (hiere) mejor.

Lo importante es analizar:
– En qué momento comenzamos a hacernos esto
– No es más fácil comunicar las cosas en lugar de generar venganza
– Se trata de cosas simples y sin mayor implicación o ya estamos en un punto de quiebre
Hay manera de solucionarlo

Porque todo comienza en algún punto y hay tratar de comunicarlo al respecto, ya que pudo haber comenzado por un malentendido y ahora se presenta como algo incontrolable. No olvidemos que podemos ser nosotros los que estamos ocasionando ese daño y la situación sea inversa. Por ende hay que considerar nuestras acciones y las del otro y tratar de conciliar y llegar a un acuerdo. Porque algo peor al “me engañó y lo engañé”. Es escucharlo seguido de un “nos perdonamos”.

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