Tiene HIV y cruzará Los Andes en bici

Desde hace cuatro años, Joaquín Rodríguez convive con el virus del HIV. En enero de 2016 participará en la Odisea de los Andes, carrera de mountain bike de largo aliento.

 

Somos gente común. Nos toca llevar algo más en la sangre, pero no nos hace distintos. Podemos amar, besar, abrazar y no te va a pasar nada. El HIV hace que tu vida cambie, pero tu vida no se termina. Sos vos el que tiene que tomar las riendas y decir voy a salir adelante, voy a vivir plenamente. A todas las personas que dicen yo no puedo, yo no tengo la fuerza, yo no se cómo, les digo que hay gente que los puede ayudar. Van a poder. Sí yo pude, vos podés». Claro que Joaquín Rodríguez pudo. Su lucha es tan intensa como su mirada. Y su mensaje, tan fuerte como su cuerpo.

Hace cuatro años fue diagnosticado como seropositivo y, desde ese entonces, convive con el virus del HIV. Tras el duro golpe que significó la noticia, decidió hacerle frente a la situación y, a los seis meses, empezó a pedalear. Hoy se prepara para un nuevo desafío: la Odisea de los Andes, una carrera de mountain bike de largo aliento, que se disputará el próximo 9 de enero de 2016.

La carrera comprende 91 kilómetros, desde Las Leñas (Argentina) hasta Termas del Flaco (Chile), en plena Cordillera. «El objetivo que persigo es que la gente conozca cómo es la vida de una persona con HIV, derribar el mito que alguien que convive con el virus está enfermo. Lo único que nos diferencia de un individuo sano es que tomamos dos pastillas por día», explica.

La campaña intenta, además, eliminar los prejuicios y la discriminación hacia los que conviven con el virus. La prueba, en la que subirá desde los dos mil hasta los cinco mil metros, requiere de un entrenamiento mucho más exigente (por la falta de oxígeno): «Necesito mucha más capacidad aeróbica que cualquier otra persona que corre por acá. Por eso hago natación y ahora estoy en proceso de comprar una máscara para alimentar el oxígeno».

Y sigue: «Yo funciono a base de desafíos; eso me hace estar motivado. Un día estaba en Facebook y vi la carrera; me interesó, entré y ese mismo día vine y le propuse al doctor Marino hacer la carrera en nombre de la Fundación Rosas. A 38 días de la competencia, es una realidad y estamos felices».

A los 29 años, el mecánico (elegido en una competencia en Suecia entre los 50 mejores del mundo) nada una hora por día, dos o tres veces por semana; sale a pedalear otras dos o tres horas y, los fines de semana, le dedica unas siete horas a la bicicleta, por caminos serranos. El joven, que llegó desde San Francisco para trabajar en Córdoba, imagina cuál será su sensación cuando llegue a la meta el próximo 9 de enero: «Me imagino feliz, el ciclismo me apasiona. Puedo estar siete horas arriba de la bicicleta pedaleando, sintiendo que no me dan más las piernas, los brazos, el físico, la espalda. Pero tengo una meta y sigo, sigo hasta que llego. El ciclismo me dio la capacidad de tener una actitud mental fuerte ante cualquier adversidad que se me cruce».

A Joaquín le gustan los deportes, pero en el ciclismo encontró la motiviación. «Es un deporte de sacrificio que exige voluntad y perseverancia. El único que hace avanzar la rueda sos vos. Como en la vida», dice.

Hace campaña. #Pedaleandovivo es el nombre de la campaña que encabeza Joaquín Rodríguez, quien adelanta: «En este caso le dimos un enfoque completamente distinto; por lo general, en este tipo de operativos se presenta una persona famosa que te habla de los riesgos, del Sida y cómo usar preservativos o métodos de cuidado; pero no hay nadie que te cuente realmente cómo se vive con eso. Y esa es la gran diferencia. Yo vivo con esto y puedo contar lo que me costó estar hoy en día acá, que se puede vivir una vida absolutamente normal y hacer cosas extraordinarias como cualquiera que se lo propone».

El ciclista no está solo. Él cuenta con el apoyo de familiares, amigos, entorno laboral y todos los profesionales de la Fundación. El doctor Marcos Marino es el presidente de la entidad y quien acompaña a Joaquín en su cruzada. «Él pudo transmitir a sus pares, hacia la comunidad, su diagnóstico, pero hay muchas personas que no pueden. Cada paciente, cada persona es particular; hay que ser bastante cautos con esto», explica el facultativo.

Y agrega: «Dentro de la Fundación brindamos la posibilidad que se acerquen, que puedan charlar, consultar. Es importante comunicar bien. No se muere; se muere aquel al que llegamos tarde, que por algún tipo de miedo no puede acceder a pedir un análisis. Ese miedo lleva a enfermarse».

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